Un creyente entusiasta sin entrenamiento es una presa fácil para el diablo. Debemos convertirnos en “creyentes entrenados". Nuestra Nación necesita cristianos que sean soldados de Cristo efectivos. Para llegar a eso, necesitamos entrenamiento. Esto es necesario si queremos ganar en cualquier guerra.
Para abrazar el verdadero entrenamiento, debes reconocer y rechazar cualquier falsa doctrina que hayas recibido en el pasado. Nunca olvides que eres un soldado. Tienes órdenes del Rey, no temas de discusión, sigue sus órdenes. Esta es una disciplina por el resto de tu vida. Usa tu voz y grita fuerte el evangelio en todo lugar. La mayor arma que te ha dado Dios es una voz. Los héroes de Dios han derrotado ejércitos y resucitado a los muertos haciendo uso de sus voces. Además el mundo fue creado mediante la voz de Dios. El entrenamiento que Dios te dará no solo eliminará el miedo, sino que te hará audaz para enfrentar al enemigo. “El objetivo del entrenamiento es preparar a los hombres para la batalla y hacer la que anhelen”.
Cuenta la historia que Alejandro Magno tenía una ambición ilimitada. Su deseo de una mayor conquista lo llevó al
pie del Himalaya. Él quería ir más allá de esas montañas, pero nadie sabía qué había al otro lado. Sus oficiales
superiores estaban preocupados por su nueva visión, porque ellos habían revisado los mapas que tenían y vieron
que habían llegado al tope de dichos mapas; no había ningún mapa para el nuevo territorio que Alejandro quería
poseer. Ellos tenían que tomar una decisión: ¿Estarían dispuestos a seguir a su líder fuera del mapa o estarían
contentos con vivir dentro de los límites de su mapa? Ellos eligieron seguir a Alejandro.
Seguir la guía del Espíritu Santo nos puede poner en el mismo dilema. Si bien Él nunca contradice Su Palabra, sabemos que se siente muy cómodo contradiciendo nuestra comprensión de ella. Aquellos que se sienten seguros debido a su comprensión intelectual de las Escrituras disfrutan de una falsa sensación de seguridad. Ninguno de nosotros tiene una comprensión completa de las Escrituras, pero todos tenemos el Espíritu Santo. Él es quien siempre nos llevará a la verdad. Pero para seguirlo, debemos estar dispuestos a caminar fuera del mapa, debemos estar dispuestos a ir más allá de lo que conocemos. Para tener éxito debemos reconocer Su Presencia sobre todo.
Una nación que está impregnada por la división que obedece a diferentes motivos, una nación que tiene el alma afectada por el desaliento y la rabia y el enojo; donde todo tipo de discurso ha perdido fuerza, y por ello la gente no se interesa ni siquiera de escucharlo. Precisa de elementos excepcionales para cambiar su rumbo y no seguir camino a una catástrofe.
El mensaje del evangelio tiene respuestas a todo tipo de situaciones, pero para que una generación lo escuche es preciso que ese mensaje sea respaldado por el poder de Dios.
En estos días, los guerreros de Dios pueden ser atacados por el desaliento, hacer que se sientan agotados, sin alegría
e incluso apocados en su espíritu. Tengamos presente que el guerrero en el espíritu sabe discernir la batalla
espiritual.
Lot tenía aflicción mientras vivía en Sodoma. “Porque para este hombre justo, que vivía entre ellos, cada día era un tormento al ver y oír lo que esos malvados hacían”. 2 P. 2:8 RVC. Esto es lo que el pueblo de Dios está sintiendo al presente en nuestra cultura. Muchas personas le atribuyen a la política y sus devaneos los males que hoy vive la sociedad; y eso no necesariamente es cierto. No se trata de política, lo que ahora estamos confrontando es la maldad.
Martín Lutero, quien es considerado el padre de la Reforma, dijo: “Nunca trabajo mejor que cuando estoy inspirado
por la ira; cuando estoy enojado, puedo escribir, orar y predicar bien, porque entonces todo mi temperamento se
aviva, y mi entendimiento se agudiza, y todas las aflicciones y tentaciones mundanas desaparecen.”. Esta
aseveración llama la atención, nos deja entrever que hay diferentes tipos de ira y que el tipo correcto de ira es algo
bueno.
Expertos en salud mental, ven la ira como una herramienta que nos ayuda a interpretar y responder a situaciones
perturbadoras. Estudios de investigación indican que sentirse enojado aumenta el optimismo, la creatividad y el
desempeño efectivo; además de sugerir que expresar enojo puede conducir a negociaciones más exitosas en lo
laboral.
La Biblia nos muestra que el verdadero peligro de los últimos días no es lo que hará la naturaleza, sino que el
verdadero peligro vendrá de cómo se comportarán los seres humanos.
También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres
amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos,
sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores,
impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios. 2 Ti. 3:1-4.
En nuestra calidad de creyentes, como gente común, surge una pregunta. ¿Cómo la gente común puede destruir el mal? El mal y la maldad que rodea su vida, su familia, su entorno, la ciudad donde vive.
Para dar una respuesta, mucho tiene que ver cómo nos vemos a nosotros mismos. Qué pensamos de nosotros mismos, de que estamos convencidos. ¿Comprendemos cuál es nuestro propósito de vida? ¿La tarea que estamos llamados a ejecutar?
Hablando en términos militares, un soldado con valentía, pero sin entrenamiento, es un objetivo fácil para un enemigo entrenado. Y haciendo una analogía podemos decir que es igualmente cierto que un creyente entusiasta sin entrenamiento es una presa fácil para el diablo.
¿Cómo puede una iglesia que solo está manteniendo su cabeza a flote recibir entrenamiento para impactar una cultura en depravación? Esto es una triste realidad – la iglesia está absorbiendo más oscuridad del mundo de lo que está alumbrando al mundo con su luz. La falta de poder e influencia en la Iglesia ha disminuido a niveles desastrosos. Y si esta tendencia continua por más tiempo, la Nación se perderá para siempre. Lo que desconcierta es que estamos perdiendo esta guerra espiritual por las razones equivocadas.











