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¿CONOCEMOS A DIOS?

“Así ha dicho el Señor: No debe el sabio vanagloriarse por ser sabio, ni jactarse el valiente por ser valiente, ni presumir el rico por ser rico. Quien se quiera vanagloriar, que se vanaglorie de entenderme y conocerme. Porque yo soy el Señor, que hago misericordia, imparto justicia y hago valer el derecho en la tierra, porque estas cosas me complacen. Palabra del Señor”. Jer. 9:23-24 RVC

La intención de Dios es que nosotros lleguemos a conocerlo a través de una relación personal. Existe una gran diferencia entre conocer a alguien ocasionalmente y el compartir tu vida con esa persona, si es que realmente quieres llegar a conocerla.

DE QUÉ RECURSOS DISPONEMOS

Jesús hablando en relación con la obra del Espíritu Santo dijo:

“…El me glorificará; porque tomará de lo mío, y se lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y se lo dará a conocer a ustedes”. Jn. 16:13-15 RVC.

MODELO DE VIDA

Jesús el hijo de Dios, nos muestra la voluntad del Padre. Él es el modelo que nos enseña cómo hay que vivir la vida; mostrándonos la realidad de Su Reino donde si alguien muere, vive y si alguien se humilla, es enaltecido; y si da, entonces recibe. Un Reino donde la lista de estas contradicciones parece ser infinita y, aun así, revelan Su corazón.

Jesús dejó enseñanzas muy particulares acerca de algunas áreas de la vida. Jesús ilustra el corazón del Padre en todo lo que hace y dice; por ello es nuestro modelo a seguir.

¿CUÁNTO MÁS?

Casi todos los profetas del Antiguo Testamento hablaron acerca de la venida de Jesús. Las palabras que ellos vertieron nos sirvieron bien al anunciar su venida y el impacto que esta causaría. Jeremías nos dice al respecto:

“Vendrán y cantarán jubilosos en las alturas de Sión; disfrutarán de las bondades del Señor: el trigo, el vino nuevo y el aceite, las crías de las ovejas y las vacas. Serán como un jardín bien regado, y no volverán a desfallecer. Entonces las jóvenes danzarán con alegría y los jóvenes junto con los ancianos. Convertiré su duelo en gozo y los consolaré; transformaré su dolor en alegría. Colmaré de abundancia a los sacerdotes, y saciaré con mis bienes a mi pueblo, afirma el Señor”. Jer. 31:12-14 NVI.

Hay cosas que a veces nos cuesta aceptar porque tenemos moldes de pensamiento que hemos construido conforme a nuestros propios parámetros. Una de las cosas a la que a veces es difícil acostumbrarse es que al Señor le encanta bendecir tanto al creyente, así como también al que no es creyente.

Nosotros, celebramos cuando Él permite conocer algo extraordinario a un creyente. Ya sea que ese conocimiento sirva para curar una enfermedad, o haga posible un nuevo invento para servir a toda la humanidad o traiga paz entre naciones en conflicto a través de sus amados hacedores de paz, a todos nos anima escucharlo. Dios está afirmando el llamado y los dones de sus siervos, y está utilizándolos para incrementar el número de personas que atestiguan acerca de su corazón bondadoso por las personas. También debemos reconocer que a veces Él elige hacer lo mismo a través de personas que son NO creyentes, que por momentos llevan un estilo de vida incorrecto, e incluso puede que sus propósitos no sean los mejores. Y nos preguntamos ¿Qué está haciendo el Señor al cederle tal tesoro a quienes no son sus hijos? ¿Incluso si son malvados?

SERVICIO PARA SALVAR

Dios dice que los creyentes somos sacerdotes:

“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable”. 1 P. 2:9 RVR60

PALABRA QUE CORRIGE Y MADURA

Los discípulos fueron enviados a predicar el Evangelio del Reino. “Así que partieron y fueron por todas partes de pueblo en pueblo, predicando las buenas noticias y sanando a la gente”. Lc. 9:6 NVI. A su regreso le comentaron al Maestro lo que habían dicho y hecho. Estaban emocionados porque habían efectuado milagros con sus propias manos y palabras. Luego, Jesús les dijo que la verdadera celebración debía ser que sus nombres estuvieran escritos en el cielo.

“Sin embargo, no se alegren de que puedan someter a los espíritus, sino alégrense de que sus nombres están escritos en el cielo”. Lc. 10:20 NVI.

CÓMO “VER”

Dios está muy comprometido en enseñarnos a “ver”. Para hacer esto posible nos dio al Espíritu Santo como tutor. El plan de estudios que utiliza es bastante variado. La única clase a la que todos calificamos es el mayor de todos los privilegios cristianos: la adoración. Aprender a ver no es el propósito de nuestra adoración, pero es un subproducto.

“Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren”. Juan 4:23-24.

PRESENCIA TRANSFORMADORA

Los discípulos de Jesús vivieron asombrados por Aquél que los llamó a dejarlo todo y seguirlo. La elección que tuvieron que hacer fue una elección fácil. Cuando Él habló, algo cobró vida en ellos, algo que nunca supieron que existía en su interior. Había algo en SU voz por lo que valía la pena vivir.

Cada día con Jesús estaba lleno de cosas que no se podían entender; aparecía un endemoniado cayendo a los pies de Jesús en adoración, o los líderes religiosos dominantes se quedaron en silencio en Su presencia; todo fue abrumador. Las vidas de sus discípulos habían adquirido un significado y un propósito que hacía que todo lo demás fuera, decepcionante. Es seguro que cada uno de ellos tenía sus problemas personales, pero Dios los había cautivado de tal manera, que ahora nada más importaba.

“De hecho, todo lo que se escribió en el pasado se escribió para enseñarnos, a fin de que alentados por las Escrituras, perseveremos en mantener nuestra esperanza”. Ro. 15:4 NVI

Esto explica el propósito del estudio del Antiguo Testamento. El estudio correcto de las Escrituras es el que nos da aliento, que luego se convierte en esperanza. Si el resultado que obtenemos no es el que el pasaje de Romanos nos dice, aliento y esperanza, debemos aprender a abordar las Escrituras de una manera diferente hasta que produzca el fruto para el que fueron diseñadas.

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