Un propósito específico de la unción espiritual en la vida de Cristo, sirvió para crear celo, la pasión del Espíritu.
“Estaba cerca la pascua de los judíos; y Jesús subió a Jerusalén, y halló en el templo a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas allí sentados. Entonces hizo un látigo de cuerdas y expulsó del templo a todos, y a las ovejas y bueyes; esparció las monedas de los cambistas y volcó las mesas, y dijo a los que vendían palomas: Saquen esto de aquí, y no conviertan la casa de mi Padre en un mercado. Entonces sus discípulos se acordaron de que está escrito: El celo de tu casa me consume”. Jn. 2:13-17 RVC
Sin la unción del Espíritu Santo, la Iglesia se embota, y se vuelve flácida, indiferente y sin vida.
Qué dice la Biblia acerca del celo en la Iglesia:
“…El celo de tu casa me consume”. Jn. 2:17 RVC
“… El amor que siento por tu templo me quema como un fuego”. Jn. 2:17 TLA
Y en el Salmo 69 dice:
“Porque me consumió el celo de tu casa…” Sal. 69 RV60
“Y es que mi amor por tu casa me consume…” Sal. 69 RVC
“El amor que siento por tu templo me quema como un fuego…” Sal. 69 TLA
Veamos ahora Isaías:
“se revistió de justicia como con una coraza, y se cubrió la cabeza con un casco de victoria; por vestiduras tomó ropas de venganza, y el celo por su pueblo lo cubrió como un manto”. Is. 59:17 RVC
Recordemos, un manto es símbolo de la unción de Dios, la cual brinda cierta protección al que viste dicho manto. Definitivamente la unción produce celo.
Definamos que es el Celo de Dios, ¿Qué significa para nosotros? ¿Cuáles son sus raíces bíblicas?
La palabra hebrea para celo significa arder con fuertes sentimientos de bien o de mal como sucede con los celos o el enojo.
La palabra griega “zeelos” se usa 17 veces en el Nuevo Testamento. Tiene diversos significados relacionados: capacidad o estado de entrega apasionada a una persona o causa; las fuerzas que la motivan; en el griego clásico se refiere a un espíritu aguerrido; pasión entusiasmo, ferviente, preocuparse uno mismo de algo de manera que se toma la responsabilidad del asunto, de hacerlo una meta y luchar por ella hasta conseguirla con energía.
En su uso común en nuestros días, el celo es entendido como aquello que envuelve apasionado ardor en pos de algo. El celo que arde apasionadamente dentro de una persona se expresa en una actividad concertada, que es orientada fuertemente hacia algo más allá de la persona.
Hay muchos enemigos del celo. Nos enfocaremos en el más letal de todos. Se trata de la tibieza. La tibieza es la más segura evidencia de que una persona está viviendo más en la carne que en el Espíritu. La sentencia contra la tibieza de la iglesia laodicense la podemos encontrar en Apocalipsis:
“Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”. Ap. 3:16
El versículo 17 explica cómo la iglesia de Laodicea había caído en un estado tan deplorable. La raíz del problema devenía de una actitud basada en un estilo de vida materialista y carnal.
“Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo”. Ap. 3:17
La tibieza es indiferencia, falta de calor, frialdad. Espiritualmente consiste en colocarse a uno mismo en el centro del universo; desde esta posición uno no tiene responsabilidades, ni deseos.
La tibieza espiritual provoca: parálisis espiritual, olvido del primer amor, mediocridad en el servicio, oración indiferente actitud desapasionada, negligencia en las actividades y responsabilidades espirituales y engaño espiritual en cuanto a la propia situación como creyente.
El celo saludable se enfoca la mayoría de las veces en la casa de Dios. El celo y fervor del Espíritu se concentraba en el propósito de Dios, el cual tenía su núcleo en el tabernáculo en el desierto o en el templo en Jerusalén. En el N.T., estamos ungidos también con esta misma unción de celo por la casa de Dios.
Jesús ejemplifica tal celo cuando vio el abuso que se hacía en la casa de Su Padre, Él se enojó. Recordemos, Su ministerio se desarrollaba por medio de acciones radicales. Sentía tal celo por la casa de Dios, que atacó y echó fuera a los que la amenazaban.
En el A.T. tenemos la contraparte en cuanto al celo en el caso del sacerdote Finees quien actuó con valentía al ejecutar a un israelita y a una mujer madianita que cometían una abominación pública en el campamento que era una ofensa viviente para Dios y causante de una plaga para todo el pueblo Nm. 25:10-15.
Tenemos numerosos versículos que nos hablan del celo del Espíritu Santo que se enfoca a través del amor por la casa de Dios, de actividades orientadas a edificar y embellecerla y para suplir las necesidades de la gente a través de ella.
“Jehová, la habitación de tu casa he amado, Y el lugar de la morada de tu gloria”. Sal. 26:8
En el N.T., el amor por la casa de Dios se manifiesta en el amor y embellecimiento de la Novia de Cristo, la Iglesia.
Tu celo por la casa de Dios se muestra así:
- Yendo a la casa de Dios (Se muestra en el gozo de ir a la casa de Dios y la importancia de hacerlo) Sal. 27:4 Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.
- Edificando la Casa, no destruyéndola. El celo verdadero, que es producido por el Espíritu Santo, es algo más que mera intensidad. Es un compromiso para hacer aquello que edifica la casa de Dios y que evita aquello que es destructivo para ella. Pr. 14:1 “La mujer sabia edifica su casa; Mas la necia con sus manos la derriba”.
- Hallando satisfacción en la Casa de Dios. El celo produce la acción que satisface; su nivel de compromiso determinará su nivel de satisfacción. El celo verdadero, producto de la unción del Espíritu Santo funciona en forma de un ciclo continuo de acción y satisfacción. Sal. 42:1,2 Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?
- Siendo plantado y arraigado en la Casa de Dios. El celo verdadero que se produce a causa de la unción del Espíritu Santo produce amor por la casa de Dios y mueve a la persona echar raíces en ella. Sal. 92:13-14 Plantados en la casa de Jehová, En los atrios de nuestro Dios florecerán. Aun en la vejez fructificarán; Estarán vigorosos y verdes.
- Manteniendo la unidad en la Casa de Dios. El celo verdadero trae unidad a la gente para un esfuerzo conjunto, en mente y en propósito. Sal. 133:1-3. ¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es Habitar los hermanos juntos en armonía! Es como el buen óleo sobre la cabeza, El cual desciende sobre la barba,
La barba de Aarón, Y baja hasta el borde de sus vestiduras; Como el rocío de Hermón, Que desciende sobre los montes de Sion; Porque allí envía Jehová bendición, Y vida eterna.
Dado que el celo lleva implícita la intensidad y la pasión, se requiere de sabiduría y madurez para ser espiritualmente celoso, sin dañar los otros elementos de nuestra vida. Una vida con celo tiene problemas potenciales que el hombre o la mujer de Dios deben prever:
- Agotamiento total (estado emocional)
- Desgaste (deterioro físico por descuidar el cuerpo)
- Desánimo (al olvidarse de la recreación y gozos sencillos)
- Problemas familiares o maritales ( al descuidar las relaciones familiares)
- Problemas económicos (al fallar en el desarrollo de una carrera y vida de trabajo saludables)
- Aislamiento (Por descuidar a las amistades).
Tenga este mensaje presente en su vida.
Pr. Rafael Vargas