El ayuno NO debe ser un intento de imponer nuestra voluntad a Dios, por el contrario, debe ser un medio para someternos a la voluntad del Padre.
Esdras oró y ayunó por un viaje seguro mientras guiaba a los israelitas de retorno a Jerusalén.
“Ese día, a las orillas del río Ahava, convoqué a un ayuno general en honor de nuestro Dios, para pedir que a nosotros y a nuestros niños, y a nuestros bienes, nos guiara por el camino correcto. No me atreví a pedirle al rey que enviara con nosotros soldados y gente de a caballo para defendernos de los enemigos en el camino, pues le había dicho: El poder de nuestro Dios hace bien a quienes lo buscan, pero no a quienes lo abandonan, los cuales experimentan su enojo. Así que todos ayunamos ese día, y le pedimos al Señor que nos bendijera, y él nos bendijo”. Esdras 8:21-23 RVC.
El resultado del ayuno de Esdras es claro, pero NO sugiere que el ayuno sea un medio para convencer a Dios de que nos conceda todo lo que deseamos. Como sacerdote, Esdras participaba en una obra divina, no en una agenda personal. Existía una clara directiva de Dios de que los israelitas debían regresar a Jerusalén para reconstruirla.
“Yo, Esdras, bendigo al Señor, Dios de nuestros padres, por haber puesto esos sentimientos en el corazón del rey, para honrar el templo del Señor en Jerusalén, y por su bondad y misericordia para conmigo, pues he sido bien visto por el rey y por sus consejeros y por todos los hombres de importancia que rodean al rey. El poder de Dios me ha permitido recobrar las fuerzas y reunir a los hombres importantes de Israel para que me acompañen”. Esdras 7:27-28 RVC
Comprender esto cambia por completo nuestra perspectiva sobre ese ayuno en particular.
Para respaldar esta comprensión, consideremos lo que dijo Santiago:
“Ahora escuchen con cuidado, ustedes los que dicen: Hoy o mañana iremos a tal o cual ciudad, y estaremos allá un año, y haremos negocios, y ganaremos dinero. ¡Si ni siquiera saben cómo será el día de mañana! ¿Y qué es la vida de ustedes? Es como la neblina, que en un momento aparece, y luego se evapora. Lo que deben decir es: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello”. Stg. 4:13-15 RVC.
Corremos el riesgo de malinterpretar el ayuno de Esdras y la posterior bendición divina en el camino a Jerusalén, al suponer que todo ayuno resultará automáticamente en el favor divino para cualquier cambio que busquemos. Santiago nos exhorta a someternos primero a la voluntad divina. Esto es lo primero. Luego, si se confirma la guía de Dios para un cambio, debemos orar, e incluso ayunar, para obtener su bendición en los pasos que demos a continuación.
Buscar a Dios no es lo mismo que buscar lo que queremos de Él. Muchas personas deciden lo que quieren sin antes intentar comprender el propósito de Dios. Luego, creen que el Señor está obligado a bendecir sus elecciones y decisiones puramente humanas.
Debemos orar pidiendo la intervención divina. Sin embargo, deberíamos darle prioridad a centrar nuestros esfuerzos en lo que ya sabemos que es la voluntad de Dios. ¿Cómo, entonces, podemos discernir Su voluntad? Ante todo, a través de Su Palabra. Lo que la Biblia afirma y promete con claridad y objetividad no requiere más indagación. Por ejemplo, no necesitamos orar para saber si debemos pagar impuestos; Jesús ya nos lo ha ordenado: …Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios. Mt. 22:21 RVC. Otros asuntos, sin embargo, son más subjetivos, como elegir con quién casarse, decidir dónde deben estudiar los hijos, determinar en qué ciudad vivir.
Estas preguntas deberían llevarnos a buscar la guía de Dios. Él ha prometido guiarnos: Porque los hijos de Dios son todos aquellos que son guiados por el Espíritu de Dios. Ro. 8:14 RVC. Nosotros podemos recibir instrucciones específicas. Orar y ayunar en consonancia con la voluntad de Dios es una apuesta segura que garantiza un resultado.
Y esta es la confianza que tenemos en él: si pedimos algo según su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, también sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho. 1 Jn. 5:14-15 RVC.
El ayuno, cuando se combina con la oración, abre la puerta a avances espirituales. Precisamente por eso Él nos manda a buscarlo con intensidad en oración y ayunar.
Por supuesto que hay asuntos donde no necesitamos buscar la voluntad específica de Dios. Por Ej. No le pregunto a Dios si es su voluntad que ore por los enfermos, porque la Biblia claramente nos instruye que debemos hacerlo. Sin embargo, debemos reconocer que hay ocasiones en que el ayuno y la oración no siempre producen el resultado deseado.
Ilustremos esto con otro ejemplo tomando la vida de David. Siendo David rey de Israel, pecó contra el Señor cometiendo adulterio con Betsabe y orquestando el asesinato de su esposo. Para empeorar la situación, aprovechó la muerte de Urías para casarse con la viuda. Dios envió al profeta Natan para confrontar a David por estos pecados y declaró que, como parte del juicio, el niño nacido de esta unión moriría: Pero como los enemigos del Señor hablan mal de él por causa de este pecado tuyo, tu hijo recién nacido tiene que morir. 2 S. 12:14 RVC. Y eso fue exactamente lo que sucedió, a pesar de que David ayunó y oró durante una semana.
“Después de esto, Natán regresó a su casa. Y el niño que la mujer de Urías le dio a David, se enfermó de gravedad porque el Señor así lo quiso. David le rogó al Señor por la salud de su hijo, y ayunaba y se pasaba la noche acostado en el suelo. Los ancianos que vivían en su palacio iban a verlo y trataban de levantarlo del suelo, pero David se negaba a levantarse, y tampoco quería comer. Siete días después, el niño murió, y sus sirvientes temían decírselo, pues decían: Si cuando el niño vivía, el rey no quería escucharnos, con más razón se entristecerá si le decimos que el niño ya murió. Pero cuando David los vio hablar entre sí, se dio cuenta de que el niño ya había muerto, así que les preguntó:¿Ya ha muerto el niño? Aquellos le respondieron: Si, señor; ya ha muerto. Entonces David se levantó del suelo, y se bañó y se perfumó, y se puso ropa limpia; luego fue a la casa del Señor, y lo adoró. Después regresó a su casa y pidió de comer, y comió. 2 S. 12:15-20 RVC.
¿Qué podemos aprender de esto?
Primero, el ayuno no altera la voluntad revelada de Dios.
Segundo, buscar a Dios es diferente de simplemente buscar lo que queremos que haga. Se trata de desear su voluntad en cada área de nuestra vida.
El ayuno de David no fue en vano, aunque no produjo el resultado que esperaba. La reacción de David ante la noticia de la muerte del niño es reveladora. Fue directamente a la casa del Señor y lo adoró. Este acto revela lo que comprendió: la voluntad de Dios había prevalecido. Al adorar tras la muerte del niño, David declaraba su aceptación de la voluntad de Dios, aun cuando esta fuera diferente a la suya.
La oración no es solo el medio por el cual recibimos de Dios lo que queremos; también debería ser, a la inversa, el medio por el cual Dios obtiene de nosotros lo que Él quiere.
El ayuno puede llevarnos a una experiencia más profunda de lo sobrenatural y propiciar la acción de Dios, es importante reconocer que el ayuno no garantiza que lograremos todo lo que anhelamos.
Pr. Rafael Vargas