Las Escrituras establecen una analogía entre Adán y Cristo. Pablo, se refirió a Adán como el primer hombre, quien …era figura del que había de venir. Ro. 5:14. En su primera carta a los Corintios, el apóstol también contrasta al primer Adán con el “último Adán”.
“Así también está escrito: Fue hecho El primer hombre, Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales. Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial”. 1 Co. 15:45-49
Identificar al primer Adán es fácil ya que fue el primer hombre creado por Dios. Pero ¿quién es el último Adán? Pablo está hablando de Cristo, y lo clarifica definiendo los contrastes entre el primero y el último. Mientras que al primer Adán se le llama “alma viviente”, al último Adán se le describe como un “espíritu dador de vida”. Mientras que al primero, se le llama “animal”, al último se le llama “espiritual”. Mientras que al primero se le llama “terrenal”, al último se le llama “celestial”.
Considerando estas distinciones, surge la pregunta: ¿Quién es la única persona en la Biblia que, siendo hombre, es también espíritu vivificante, espiritual y celestial? Respuesta: Es Cristo.
Es importante comprender que la comparación que aquí se establece es entre los roles que cada uno estaba destinado a desempeñar.
El primer Adán fue creado para ser la "cabeza de la raza humana", un prototipo del cual se generaría y reproduciría nueva vida. Dios lo creó a su imagen y semejanza. ¿Con qué propósito? Con el propósito de reproducir seres semejantes a él que reflejaran la misma semejanza divina. Sin embargo, el pecado distorsionó el diseño original, y la capacidad de reproducirse a esta perfecta semejanza se perdió, lo que llevó a toda la humanidad a heredar una naturaleza pecaminosa.
De acuerdo con sus respectivos roles, a Cristo se le llama “el último Adán”. No solo vino para perdonar los pecados de los descendientes del primer Adán, sino también para convertirse en una nueva “cabeza de la raza humana”, un nuevo prototipo del cual se originaría la vida, cumpliendo así el plan original de Dios. Por lo tanto, El Padre decretó que sin un nuevo nacimiento, mediante el cual Cristo reencarna espiritualmente, nadie puede entrar en el reino de Dios.
El contraste entre las opciones y los resultados de cada una se presenta en el Nuevo Testamento.
“Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos”. Ro. 5:17-19
Reconociendo estas verdades bíblicas, no es casualidad que, el primer Adán pecara al desobedecer a Dios en una situación relacionada con la comida, el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, mientras que Jesús, el último Adán, también fue tentado inicialmente con comida. En ambos casos, cabe destacar que la comida era simplemente el “envoltorio” que Satanás usó para ofrecer su “charque”: la verdadera tentación. Lo que realmente buscaba era llevar tanto a Adán como a Jesús a la desobediencia y a violar los principios divinos.
“Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre”. Mt. 4:1-2
Esta hambre no es un simple deseo de comer, como el que sentimos cuando nos saltamos una comida. Después de 40 días y sus noches de ayuno, Jesús ya habría agotado las reservas de grasa de su cuerpo y estaría experimentando un hambre intensa, el inicio de la inanición, donde el cuerpo comienza a consumir sus propios tejidos.
En la cita bíblica que leímos, se indica que Jesús ya había ayunado por “40 días y 40 noches”. La propuesta de Satanás no tenía como objetivo que Jesús rompiera su ayuno. El ayuno ya había concluido. La verdadera intención de la propuesta del diablo era tentar a Jesús a usar los atributos divinos de los que se había despojado temporalmente.
Para que la obra redentora de Cristo fuera legítima, debía venir a la tierra y vivir como hombre, renunciando voluntariamente a sus atributos divinos para convertirse en el sustituto perfecto de toda la humanidad. ¡La tentación de Jesús tenía como objetivo socavar la redención que se estaba ofreciendo!
Jesús es el máximo ejemplo de obediencia al Padre. Y tomando su declaración que dice: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Mt. 4:4. Surge la pregunta: ¿Qué significa vivir según la Palabra de Dios?
El primer aspecto de la respuesta implica reconocer la necesidad de tener dos tipos distintos de alimento: el natural y el espiritual. ¿Cuál es la razón de tener dos tipos distintos de alimento? Jesús lo explicó así: Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es Jn. 3:6.
Nuestro nacimiento natural nos hizo seres naturales, dependientes del alimento natural para nuestro sustento. Dios mismo estableció este orden.
“Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer” Gn. 2:16.
Nuestro nacimiento espiritual, el nuevo nacimiento en Cristo, nos hizo seres espirituales, que requieren alimento espiritual para crecer y prosperar.
“desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación” 1 P. 2:2.
Pablo, refiriéndose a los israelitas durante su travesía por el desierto desde Egipto hasta Canaán, señaló que ..todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual... 1 Co. 10:3-4
Ambos tipos de alimento son importantes y necesarios. Cuando Jesús dijo …No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Mt. 4:4, no negó la necesidad del pan natural. Simplemente añadió la necesidad del pan espiritual. Cada uno tiene su valor y su propósito.
El alimento natural, además de ser necesario, es un don divino y debe considerarse como tal.
“Y comerás y te saciarás, y bendecirás a Jehová tu Dios por la buena tierra que te habrá dado”. Dt. 8:10
Sin embargo, como advirtió nuestro Señor La vida es más que la comida... Lc. 12:23, la advertencia de Cristo debe llevarnos a reconocer que necesitamos alimento espiritual tanto como alimento natural.
Pr. Rafael Vargas