Existe una clave para una vida cristiana plena: Esa clave es el ayuno.
El ayuno bíblico consiste esencialmente en la abstención de alimentos con fines espirituales.
Puede adoptar diferentes formas, como la abstinencia parcial, que excluye solo ciertos grupos de alimentos y permite otros.
El ayuno consiste fundamentalmente en privarse de alimentos.
Algunas definiciones del diccionario sobre el ayuno son:
- Abstinencia parcial o total de alimentos en ciertos días
- Estado de alguien que no ha comido desde el día anterior.
- Privación, abstención o falta de algo.
Otras abstenciones, como la que Pablo mencionó a los Corintios respecto a la intimidad sexual entre cónyuges en un matrimonio, también son aplicables:
“No se nieguén el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para dedicarse a la oración. Pero vuelvan luego a juntarse, no sea que Satanás los tiente por no poder dominarse”. 1 Co. 7:5 RVC
Se entiende que, al dedicarse con mayor intensidad a la oración, una de las principales razones del ayuno, puede ser útil abstenerse de otros placeres lícitos además de la comida. El objetivo es dominar la carne y acercarse a Dios con mayor intensidad.
El apóstol estableció criterios específicos: debe existir un acuerdo entre la pareja, y la pausa en la intimidad debe ser por un tiempo determinado, no debe prolongarse demasiado.
Esto no significa que todo ayuno deba incluir la abstinencia sexual, ni que este tipo de abstinencia requiera necesariamente la abstinencia alimentaria. Ambas representan la voluntad de renunciar a placeres lícitos, que se dejan de lado temporalmente para centrarse en otro deleite de magnitud inconmensurable: el ámbito espiritual. En la actualidad, considero que abstenerse de entretenimiento como películas, series de televisión, internet, etc., también puede y debe incluirse en nuestros ayunos.
No existen reglas estrictas sobre el ayuno; cada persona decide cuándo y con qué frecuencia ayuna. A menos que uno reciba una guía específica del Espíritu Santo, el ayuno es una decisión personal.
No ayunamos para obtener algo. Ayunamos para conectar con nuestro Dios sobrenatural. El ayuno despeja el canal que nos une a la unción divina.
Jesús nos aseguró que habría una recompensa:
“para no mostrar a los demás que estás ayunando, sino a tu Padre que está en secreto, y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”. Mt. 6:18 RVC.
El ayuno no es el factor principal que determina el resultado, aunque sin duda es una excelente ayuda para ejercitar la fe y obtener resultados.
El ayuno es una herramienta para buscar a Dios que contribuye al proceso de entrega. Cultivando un deseo más profundo y libre de obstáculos por las cosas celestiales. Las demás bendiciones que resultan de su uso adecuado son simplemente beneficios secundarios, no el propósito principal.
Pastor, ¿hay reglas para ayunar? ¡La única regla que hay es que no hay reglas! Las Escrituras nos brindan principios y orientación que se centran más en el porqué, nuestras motivaciones y propósito.
Jesús, citando a Isaías, destacó la antigua tendencia de la humanidad a imponer reglas que Dios nunca estableció: …Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres. Mr. 7:7 RV60.
El ayuno se ha practicado a lo largo de la historia de la humanidad, por razones espirituales, y también por sus beneficios físicos, e incluso como forma de protesta. Sin embargo, para los cristianos, el ayuno tiene propósitos espirituales.
El ayuno es un acto intencional de abstinencia con el fin de profundizar la conexión con Dios, a menudo acompañado de otras disciplinas como la lectura, la meditación y el estudio de las Sagradas Escrituras.
Si bien el ayuno ofrece beneficios físicos, su verdadero poder reside en la profunda transformación espiritual que conlleva.
El ayuno no es necesariamente placentero, aunque sus resultados sí lo sean. Los beneficios del ayuno parecen manifestarse con mayor intensidad después, no durante su práctica. Podemos compararlo con la analogía que usó Jesús:
“Cuando la mujer da a luz, siente dolor porque ha llegado su hora; pero después de que ha dado a luz al niño, ni se acuerda de la angustia, por la alegría de que haya nacido un hombre en el mundo”. Jn. 16:21 RVC
El Dr. J. Fung, reconocido nefrólogo y experto en ayuno para la pérdida de peso y la reversión de la diabetes tipo 2, defiende el ayuno como un remedio de eficacia comprobada. Afirma que, si queremos superar la resistencia a la insulina, debemos centrarnos en una larga tradición de curación probada. El ayuno es uno de los remedios más antiguos de la historia de la humanidad. Como tradición curativa, el ayuno tiene una larga historia. Hipócrates, considerado por muchos como el padre de la medicina moderna, solía prescribir tratamientos basados en el ayuno frecuentemente.
Los seres humanos, al igual que los animales, no comen cuando están enfermos. Recuerde la última vez que tuvo un resfriado. Probablemente lo último que le apetecía era comer. El ayuno parece ser una respuesta universal a diversas enfermedades y está conectado con la herencia humana, tan antigua como la humanidad misma. El ayuno es en cierto modo, un instinto. Durante el ayuno, es fundamental estar atento a las reacciones del cuerpo. Los ayunos prolongados requieren aún mayor precaución y supervisión médica.
Estudios científicos concluyen que el ayuno aporta importantes beneficios para la salud. Aumenta el metabolismo, incrementa la energía y disminuye el azúcar en sangre. Entre los beneficios prácticos del ayuno se encuentran sus efectos desintoxicantes. Es notable cómo ayuda a limpiar y regular los intestinos, con mejoras visibles en la piel en cuestión de días.
Además, el ayuno tiene un impacto positivo en el estado de ánimo, la energía y la vitalidad.
La Palabra de Dios nos llama al ayuno. Por simple lógica, debemos concluir que la misma Biblia que nos instruye a no dañar nuestros cuerpos, ya que son templos del Espíritu Santo, no aprobaría una práctica perjudicial. De hecho, cuando se realiza correctamente, el ayuno no solo es espiritualmente beneficioso, sino también físicamente saludable.
El propósito principal del ayuno debe ser fundamentalmente espiritual.
Existe un llamado divino para que la Iglesia redescubra la práctica del ayuno y, al hacerlo, acceda a una nueva dimensión de su relación con el Señor. Para que esto suceda, también debemos comprender mejor esta disciplina crucial.
Pr. Rafael Vargas