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El profeta Joel,  antes de mencionar el derramamiento del Espíritu Santo, proclama que Dios enviará lluvia: 

“Y ustedes también, hijos de Sion, alégrense y llénense de gozo en el Señor su Dios; porque Él les ha dado la primera lluvia a su tiempo, y enviará sobre ustedes lluvias tempranas y tardías, como al principio”. Jl 2:23 RVC. 

Las lluvias, metafóricamente, apuntan al derramamiento del Espíritu Santo. Parece que el profeta las usó intencionalmente para ilustrar los eventos de Pentecostés así como el cumplimiento aún mayor que tendrá lugar en los últimos tiempos. 

El apóstol Santiago usa la misma analogía al hablar del regreso del Señor:

“Pero ustedes, hermanos, tengan paciencia hasta la venida del Señor. Fíjense en el labrador, cómo espera el precioso fruto de la tierra, y cómo aguarda con paciencia a que lleguen las lluvias tempranas y tardías. También ustedes, tengan paciencia y manténganse firmes, que ya está cerca la venida del Señor”.  Stg 5:7-8 RVC 

Santiago exhorta a los creyentes a ser pacientes mientras esperan el regreso de Cristo. Sus razones se basan en el ejemplo de un agricultor que espera pacientemente el preciado fruto de la tierra.

¿Quién es el agricultor en esta analogía? y ¿qué es el “fruto de la tierra”? Si el contexto es la venida de Cristo, se presume que Él es el agricultor y nosotros somos el fruto de su viña. Jesús mismo utilizó la misma analogía escrita en el evangelio de Juan. Jn. 15:1-8 RVC.

¿Por qué el Señor necesita paciencia? Porque debe esperar a que la tierra reciba “la lluvia temprana y la tardía”, lo cual indica dos momentos distintos de lluvia: uno que precede a la labranza y la siembra, y otro que precede a la cosecha. Para los agricultores, el factor más importante es la distribución de las lluvias a lo largo del año. Esta distribución es muy desigual. Normalmente no llueve durante cinco meses del año, de mayo a septiembre. Esto se compensa con un periodo lluvioso, que va desde Noviembre hasta Marzo. 

Desde la perspectiva de los agricultores, los dos periodos críticos son el inicio y el final de la temporada de lluvias.

Las actividades de los agricultores están ligadas al patrón de lluvias, dependiendo de su inicio. Las lluvias comienzan las primeras semanas de noviembre,  entonces se puede comenzar a arar y sembrar. Si el inicio de la temporada de lluvias se retrasa, la producción anual se ve afectada, y si el retraso es demasiado significativo, puede que no haya cosecha alguna. Por consiguiente, estas lluvias tempranas son de suma importancia. 

Las lluvias cuando las temperaturas son altas, son más valiosas que las lluvias de invierno, cuando las temperaturas son más bajas; ya que estas lluvias aumentan la producción por cada día que se prolongan. Por eso los agricultores esperan con ansias las lluvias tardías, esas que se dan a fines de febrero o inicios de marzo y que hacen que se llene el grano y que son previas a la cosecha.

¿Qué aprendemos de esta analogía? Las primeras lluvias, simbolizan el derramamiento del Espíritu Santo, llegaron el día de Pentecostés, precediendo a la siembra del evangelio. Cristo espera pacientemente hasta que la tierra reciba las lluvias tardías, aquellas que precederán a la cosecha. Este derramamiento del Espíritu Santo está reservado para los últimos tiempos.

El regreso de Cristo se está retrasando hasta que Dios restaure todo lo profetizado por sus profetas, incluyendo la profecía de Joel. 

¡Jesús vendrá después de las lluvias tardías! En otras palabras, una de las principales señales que preceden al regreso de nuestro Señor es un poderoso avivamiento. Debemos esperar un nuevo, y quizás incluso mayor,  “Pentecostés”.

Desde la Reforma en adelante, ha habido un creciente movimiento para restaurar las verdades bíblicas. En cuanto al derramamiento del Espíritu Santo, nada se compara con lo que hemos estado experimentando desde el comienzo del movimiento pentecostal, ¡y estas últimas lluvias alcanzarán su plenitud!

Voces proféticas, como la de Elías, proclaman que  porque se oye el estruendo de mucha lluvia. 1 R. 18:41 LBLA. Ya sea que lo que vemos sea solo 44 …una nube tan pequeña como la mano de un hombre… 1 R 18:44 LBLA  o algo más, ya se percibe un movimiento en el ámbito espiritual. Sin embargo, cabe destacar que la promesa conlleva una condición: después de esto, derramaré mi Espíritu sobre toda carne… Jl 2:28 LBLA. El gran avivamiento vendrá después. ¿Después de qué? Si volvemos a los versículos anteriores, encontramos la instrucción divina ¡Proclamen ayuno!... Jl 2:15 RVC, que era tan relevante en tiempos de Joel como lo es hoy.

El ayuno era un acto de humildad asociado con el dolor,  y el llamado divino se refería precisamente a eso.

 “¡Reúnan al pueblo y santifiquen la reunión! ¡Junten a los ancianos y a los niños de pecho! ¡Que salgan de la cámara nupcial el novio y  la novia! Y ustedes los sacerdotes, ministros del Señor, lloren entre la entrada y el altar, y digan: Señor, ¡perdona a tu pueblo! ¡no los entregues al oprobio, ni dejes que las naciones los dominen! ¡No permitas que entre los pueblos se diga que nuestro su Dios nos ha abandonado!”  Jl 2:16-17 RVC

El llamado divino era para que su pueblo ayunara, se arrepintiera y orara por la restauración de Israel, a la que el Señor se refiere como su “herencia”.

Si el derramamiento del Espíritu Santo está condicionado al ayuno, marcado por el arrepentimiento y la oración por la restauración de la Iglesia, ¿por qué no se ha convertido esto en una tarea urgente y primordial para nosotros? El ayuno es significativo no solo desde una perspectiva personal, sino desde una perspectiva comunitaria. El llamado era a un ayuno colectivo, no solo individual.

Junto con la oración y la intercesión, el ayuno desempeña un papel preparatorio para la gran cosecha de los últimos tiempos, que precederá al glorioso regreso de Cristo.

El único requisito para este derramamiento del Espíritu Santo es que seamos un pueblo con visión y dispuesto a pagar el precio para recibir poder mediante la oración y el ayuno.

El pueblo de Dios debe humillarse y buscar el rostro de Dios con ayuno y oración. Cientos de miles de cristianos deben buscar a Dios con todo su corazón mediante el ayuno y la oración antes de que Él intervenga para salvar y transformar a nuestra Nación.

Pr. Rafael Vargas

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