FORGOT YOUR DETAILS?

Tener claro el concepto de tu identidad es fundamental para tu comportamiento, hábitos y forma de pensar.

Funcionamos en la manera en que lo hacemos debido a la forma en que nos percibimos a nosotros mismos.

Si tu autopercepción es incorrecta, tu función también lo será.

Muchas veces queremos cambiar lo que hacemos sin tener primero una idea clara de lo que somos. La identificación de ti mismo influye en tu práctica. Cuando meditas y memorizas la verdad de lo que eres y el poder y autoridad de Aquel que te ama, tienes todo lo que necesitas para vivir una vida victoriosa. La mente es algo muy poderoso. Es la raíz de todos los éxitos, así como de todos los fracasos.

Si vas a vivir para cumplir tu destino y alcanzar la grandeza que Dios tiene reservada para ti, primero tienes que cambiar lo que piensas. En especial, debes cambiar lo que piensas acerca de la cruz de Cristo. La cruz de Cristo es la definición de tu éxito como creyente. Es la pieza central de tu referencia personal e identidad.

Toda cuestión social, económica, familiar, política y personal pueden remontarse a una raíz espiritual y teológica. Uno de los problemas hoy es nuestra falta de voluntad o, nuestra ignorancia en establecer la vinculación entre lo social y lo espiritual. El resultado es el sincretismo con la cultura en vez de la identificación con la cruz, eliminando así el poder que viene por medio de nuestra alineación con el Señor.

Si tú has recibido a Jesús como tu Salvador, se ha producido una crucifixión. De hecho, se han producido 2 crucifixiones: la de Jesús en la cruz y la tuya. Ga. 2:20 nos dice el secreto para vivir una vida de poder y propósito:

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”.  Ga. 2:20. 

En la cruz tuvo lugar una doble muerte.

En el reino espiritual, lo que sucedió hace dos mil años pasó en ti en el momento en que confiaste en Jesús para tu salvación. Ocurrió una unión que no solo es teológica, sino también práctica. La clave para todo lo relacionado con la vida, la victoria y el poder está en esta verdad revelada en Ga. 2:20. Ya que Jesucristo es la Deidad perfecta y sin pecado, los problemas se producen únicamente cuando tu tratas de vivir sin Él.

Una vez que te has comprometido y unido íntimamente con Cristo, has entrado a la familia de Dios, hecho uno con Jesús. Una mentalidad de traer tu forma de pensar, actuar y crear a tu relación con Cristo origina una serie de conflictos. Ser crucificado con Cristo establece un punto de referencia nuevo para la forma de verte a ti mismo, a otras personas, a tus circunstancias y a la vida en general.

Muchos creyentes se hacen uno con Cristo en la salvación y luego intentan desconectarle a Él de su pensamiento, acciones, decisiones y todo lo demás en su vida. En vez de abrazar su nueva identidad y relación con Cristo, algunas personas terminan con un gran caos y un montón de tiempo y esfuerzo perdidos

Pablo nos da el secreto para el éxito de maximizar nuestra unión con la cruz:  

“Os aseguro, hermanos, por la gloria que de vosotros tengo en nuestro Señor Jesucristo, que cada día muero”.  1 Co. 15:31

Morir significa poner nuestros deseos, pensamientos, motivaciones y anhelos en el altar de Jesucristo y, en su lugar, adoptar sus deseos, pensamientos, motivaciones y propósitos. Morir a ti mismo te da la capacidad de vivir de verdad. La vida de Jesús viene solo cuando tú estás dispuesto a entregar tu propia vida y someterte a Él. Tú eliges hacer SU voluntad por encima de la tuya propia. Mientras vivas para ti, nunca será tuyo todo lo que la cruz tiene para ofrecerte.

Muchos fallamos y nos preguntamos porque no estamos experimentando las promesas de Dios. Morimos a Él en la salvación, pero luego vivimos para nosotros mismos en nuestras decisiones diarias. La verdad es que no puede haber resurrección sin crucifixión. No obtienes el milagro si no te entregas primero a Dios.

Fuimos comprados por la sangre del Señor. Tu existes para el comprador, no para ti. Hasta que no te des cuenta de que no existes para ti, no vas a experimentar todo lo que la vida cristiana está destinada a ser, y nunca vas a utilizar todo el poder que se supone que tienes. Pablo tuvo experiencias en la Tierra que los que le rodeaban no experimentaron. Porque hizo de la voluntad de Dios, su voluntad. Buscar la Presencia de Dios fue lo más importante de su vida.

No te preocupes por la cantidad de fe que tienes, sino que preocúpate de en qué la pones.

“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.  Fil. 4:13

Como creyentes, la Santa Cena es uno de los actos más importantes de fe que podemos llevar a cabo. Cuando tomamos el pan y el vino,  podemos decirle a Satanás que se vaya al infierno porque, en virtud del pan y del vino, el cuerpo y la sangre de Cristo, tenemos la capacidad de apoyarnos en la autoridad de Cristo sobre Satanás.

¿Por qué necesitamos pasarle notificación al infierno sobre nuestras vidas, relaciones, y todo lo demás que tiene que ver con nosotros? Porque gran parte del caos que atravesamos en la vida proviene de esa esfera espiritual del mal la que invade nuestro mundo y trata de que no experimentemos las bendiciones de los decretos del Nuevo Pacto. Por tanto, necesitamos enviarle un mensaje al enemigo. 

Una de las peores cosas que podemos hacer es transformar en ritual aquello que se supone es sagrado. Nunca permita que la Santa Cena, algo tan profundo, se convierta en algo completamente ordinario.

“Entonces oí una gran voz en el cielo,  que decía: Ahora ha venido la salvación,  el poder,  y el reino de nuestro Dios,  y la autoridad de su Cristo;  porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos,  el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte”.  Ap. 12:10-11. 

Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero, se está refiriendo a la cruz. Los creyentes vencieron a Satanás porque nunca perdieron de vista que aquello que se dedicó a traer el infierno a sus vidas no tenía la última palabra. Nunca perdieron de vista que la cruz de Jesús venció a Satanás, permitiéndoles el acceso a una autoridad muy superior a la de Satanás.

Lo que Dios quiere que sepas es que la cruz de Jesús te ha dado la victoria sobre tus enemigos. Tal vez te preguntas ¿entonces por qué NO estoy experimentando la victoria? La respuesta es, hasta que te enteres de los beneficios que tienes y accedas a ellos. Si no sabes dónde y con quien estás sentado y lo que eso significa exactamente, no accedes a la autoridad que es tuya con solo pedirlo.

Espiritualmente tú te encuentras en lugares celestiales. A menos que te des cuenta de ello y funciones sobre la base de una mentalidad renovada, quedaras limitado a lo que la Tierra tiene para ofrecerte. Tú debes centrarte en tu vida espiritual con el fin de alcanzar la autoridad espiritual. El asiento que ocupas en la tierra no te da autoridad, solo el cielo tiene acceso a la autoridad suprema por lo que Jesús logró en la cruz.

Cuando aprendes a funcionar en relación con la autoridad divina, eso lo cambia todo. Cuando vives en la luz de la autoridad y el poder de Cristo, ganados para ti en la cruz, eso va a cambiar tu manera de andar, hablar y pensar. Eso va a cambiar todo tu enfoque y actitud en la vida. Porque te das cuenta de que lo que parece tener el control de tu vida no lo tiene. Lo que parece tener algo que decir en tus finanzas, emociones, salud, familia, o en otra esfera, no tiene la última palabra.

Levanta la vista, fija tus ojos en Jesús. Alégrate porque se te ha concedido tener acceso completo a su gobierno y autoridad, de acuerdo con el poder de Dios que obra en ti.

Procedamos a compartir la Santa Cena. Por favor, repartan el pan y el vino.

Pr. Rafael Vargas

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