Si lo que tenemos que hacer, lo podemos hacer por nuestra cuenta y en nuestras fuerzas, nosotros no necesitaríamos una gran medida de fe para hacerlo. No se necesita una gran medida de fe para aquello que es posible, pero si para aquello que es imposible.
En situaciones que parecen ser imposibles de ser superadas, algunos creyentes se rinden. Y para peor, utilizan el argumento que dice: “si es la voluntad de Dios...”. En otros casos, hay creyentes que luchan hasta quedar exhaustos, y tratan de hacer cosas en sus propias fuerzas y utilizan un cliché extrabíblico que dice “Dios ayuda a aquellos que se ayudan a sí mismos”.
Dios va a esperar pacientemente hasta que lleguemos a la posición de reconocer y digamos “Señor, ayúdame, no lo puedo hacer por mí mismo”. Y está claro, que, si no podemos hacerlo nosotros, entonces necesitamos de Dios. La Fe es dependencia de Dios. Fe es confiar en EL por su ayuda. La Fe cree que una intervención sobrenatural de Dios nos va a librar de las circunstancias que estamos atravesando.
Si se necesita una sanidad milagrosa, solo podemos acceder a ella por fe, porque no podemos hacerlo por nosotros mismos. Si se necesita una provisión de dinero extraordinaria, tenemos que alcanzarla por fe porque no tenemos para cubrirla con nuestros propios recursos. Si necesitamos la solución a un problema que aparentemente es imposible de resolver, necesitamos una respuesta divina la cual nos va a llegar a través de la fe.
La FE le complace a Dios. Porque, Sin fe es imposible agradar a Dios.
Dios permite que experimentemos circunstancias en las cuales parecería que se nos han bloqueado todos los caminos, permite que enemigos nos resistan al punto que tenemos que invocar su nombre. Si nosotros podemos hacer milagros, y alcanzar lo imposible entonces no necesitamos de Dios, no necesitamos buscarle, no necesitamos llamarle, ni tampoco darle la gloria que ÉL se merece. Nos aislamos y nos volvemos independientes de él.
Dios nos conoce mejor de lo que nosotros nos conocemos. Quiere la gloria que se merece. Un propósito primario de los moradores de la tierra es magnificar a aquel que mora en los cielos.
El corazón del evangelio es mostrar a las naciones la grandeza y la bondad de Dios. Él es un buen Dios, con buenos planes para la humanidad. Pero el hombre en su orgullo, fácilmente se aparta de Dios cuando empieza a prosperar apartado de Dios. Es por esa razón que Jesús dijo que sería difícil que un rico entrara al reino de los cielos. Porque debido a su riqueza y su fortaleza él no piensa que necesite de Dios, además que su espíritu ya ha sido empobrecido por su falta de comunión con Dios. Para agradar a Jehová se necesita FE.
Dios va a probar nuestra fe y nuestra dependencia de él, pidiéndonos que hagamos algo que desafía nuestra mente y que puede ofender nuestro raciocinio humano. Veamos las escrituras y lo vamos a confirmar.
Moisés guió a Israel a través del mar Rojo y el desierto con muchas señales y maravillas que desafían a la mente. Salió agua de la roca, cayó alimento del cielo, y llegaron codornices con el viento….
Josué siguió el modelo de Moisés con sus propias experiencias de fe y obediencia. Se encontró con un ángel en las llanuras del Jordán, se sacó sus zapatos y recibió la estrategia divina para conquistar Jericó. Guío a los hijos de Israel a cruzar el Jordán poniendo primero a los sacerdotes al frente y entrando ellos primero a las aguas del río, mientras cargaban el Arca del Pacto en sus hombros. ….
Entre los Jueces apreciamos a Gedeon, quien lideró una de las batallas más inusuales del Antiguo Testamento, con sólo trescientos hombres contra un enorme ejército de madianitas; con un cántaro cubriendo una antorcha en una mano y una trompeta en la otra, los 300 comandos rodearon al campamento madianita y solo siguieron a su líder Gedeón.
Sansón demostró una sagacidad creativa para derrotar a sus enemigos. Ató las colas a 300 zorras y puso al medio antorchas, les prendió fuego, y puso los campos de los filisteos bajo fuego. Mató a mil hombres con la quijada de un burro….
El rey David, el primero en actuar bajo la influencia de la unción de Dios. El dio el ejemplo de una obediencia radical cuando corrió a enfrentarse con el gigante Goliat con solo su honda en la mano y 5 piedras en su morral.
El rey Josafat mandó a sus cantores y sus músicos delante del ejército a la batalla. Ellos fueron cantando acerca de la misericordia y la bondad de Dios. La presencia de Dios derrotó a sus enemigos.
En todas estas historias bíblicas existe una sola constante, no importa cuán ridículas parezcan las instrucciones de Dios, cuando ellos obedecieron el resultado fue 100% de victorias. Para nosotros, la vida no es diferente. Cuando oramos por un motivo particular y Dios nos dice que ÉL va a responder nuestra oración si seguimos sus instrucciones y mandamientos, nosotros necesitamos hacer lo que Dios nos mandó, sin importar cuán insólita sea la instrucción.
La Biblia tiene registrado para nosotros los gloriosos hechos de Dios: zarzas ardientes que no se consumen, palos que se vuelven víboras y luego vuelven a ser palos, agua que se vuelve sangre, ranas que aparecen en los dormitorios. Y otra vez, cuando el pueblo de Dios obedeció, ellos recibieron la bendición prometida. La clave está en obedecer la palabra de Dios.
Dios aún en nuestros días está llamando hombres y mujeres a vivir una vida de obediencia, y a tener una fe radical en ÉL, de manera tal que su confianza esté depositada en Dios y no en el razonamiento humano. ¿Estamos dispuestos a hacer lo ridículo para recibir lo milagroso? Este es el reto de fe para los creyentes del siglo 21. Dios no se impacta con nuestros sacrificios, ni con nuestros cánticos, tampoco lo hace con nuestras lágrimas; si algo conmueve a Dios es la FE en ÉL y la obediencia a sus mandatos. Tenemos que vivir sometidos a su Señorío y debemos estar dispuestos a actuar de inmediato, apenas Él nos lo pide.
El espíritu del Señor está sobre mí, porque ÉL me ha ungido, me ha ungido con aceite de gozo, y todo yugo será destruido por causa de la unción. Mi FE está puesta en el poder del Señor y en la demostración del Espíritu; porque ÉL obra milagros en mi vida. He recibido un espíritu de poder y no un espíritu de temor. He sido llamado a ser más que vencedor en Cristo Jesús.
“Los judíos circuncidados que habían acompañado a Pedro estaban atónitos de que también los no judíos recibieran el don del Espíritu Santo, pues los oían hablar en lenguas y magnificar a Dios”. Hch. 10:45-46 RVC
Con ÉL soy más que vencedor y capaz de hacer hazañas cuando Él lo ordena con su Palabra.
Pr. Rafael Vargas