Hay ocasiones cuando hacemos cosas por pura obediencia, sin ninguna emoción. No es ni bueno ni malo. De hecho, es una parte importante y necesaria del discipulado. A veces la obediencia es la evidencia más simple de ser verdaderos seguidores de Jesús. Todo creyente tiene que aprender a hacer lo que es correcto porque es lo correcto.
Si hablamos de tener un matrimonio que esté enfocado en la simple obediencia; en hacer sólo la cosa correcta, en mantener una relación de pacto sin ningún afecto o interacción, eventualmente se vuelve viejo e indeseable. Ese NO es un estilo de vida parecido a Cristo. Jesús tuvo más gozo que todos sus discípulos juntos, así lo señala la Escritura.
“Has amado la justicia, y aborrecido la maldad, Por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, Con óleo de alegría más que a tus compañeros”. He. 1:9
En la definición de Pablo del Reino de Dios – justicia, paz y gozo- dos terceras partes del Reino son realidades que se “sienten”.
porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu. Ro. 14:17
Mientras que tendremos situaciones debemos dar nuestro todo, aun cuando no hay sentimiento alguno para respaldarlo, nunca debemos conformarnos con eso como un estilo de vida. Pasión y afecto son expresiones notables que son consistentes con seguir a Jesús.
Fruto de la experiencia personal puedo decir que la acción más necesaria y más estimulante del avivamiento espiritual de índole personal y porqué no decirlo, de índole colectivo, es la oración. Pero, lo que lleva la oración a un nivel sobrenatural es el hambre por la presencia de Dios.
Podemos decir que la sociedad está más dispuesta a perdonar a un ladrón si roba para alimentar a su familia. Y aunque debe restaurar lo que robó, hay una gracia de parte de la sociedad a favor de ese hombre debido a lo que lo impulsó: Tenía hambre. También sabemos que personas injustas se vuelven justas a causa de su hambre por la justicia. En el Sermón del Monte, Jesús habla de tal hambre y lo hace con honor, diciendo 6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Mt. 5:6. En otras palabras serán satisfechos completamente en su necesidad de justicia; abundará la justicia. Solo el hambre obtiene acceso a esa clase de abundancia.
La oración por el avivamiento espiritual, generalmente está llena de oraciones de pasión y entrega absoluta. Estas expresiones son irremplazables en el contexto de perseguirlo. Pero si no tienes esa clase de inquietud dentro de ti, oras por simple obediencia hasta que la tengas. Simplemente sé honesto, e invita a Dios a darte Su corazón en cuanto a ello. Esa disposición a obedecer atrae la mano de Dios de manera poderosa. También es bueno hacer notar para aquellos a quienes les falta pasión que no puedes interactuar con Él por mucho tiempo y no terminar con Su corazón. Él arde por nosotros con pasión desmesurada. Aun Sus ojos, que están fijos en nosotros, y arden con fuego.
Una clave del avivamiento para tu vida, no es la oración del deber. Son los clamores de hambre del corazón que no quedará satisfecho con algo menos que un encuentro, cada vez más profundo, con el Dios Todopoderoso. Eso, en esencia, es avivamiento.
Llegar a tener hambre en realidad no es tan difícil. Es nuestra naturaleza en Cristo. Es igualmente cierto que está en nuestra nueva naturaleza creer a Dios, tener fe. Frecuentemente vivimos muy conscientes de la antigua naturaleza; tanto que no damos lugar a la realidad de quienes somos en Cristo, y Él en nosotros.
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. 2 Co. 5:17
De hecho no es vana imaginación vernos a nosotros mismos como una nueva creación. Es de hecho, la nueva lógica.
”sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; más en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro”. Ro. 6:9-11.
La resurrección de Jesús, quien nunca volverá a morir, es la base para la realidad de que yo me he muerto al pecado. He de pensar de mí mismo de esta manera debido a Su resurrección. Son realidades iguales.
Pero si ingiero más de los medios de comunicación populares que de la Palabra de Dios y el Testimonio del Señor, entonces mi desánimo y falta de enfoque son mi propia culpa. He ordenado una perspectiva mundana debido a mi ritual de alimentación autoimpuesta. Eres lo que comes. Y cuando nos alimentamos de realidades inferiores de este mundo, NO nos podemos sorprender de que NO hemos alcanzado el estilo de vida del Reino al cual se nos ha invitado.
Pr. Rafael Vargas