“Yo me postré a sus pies para adorarlo, pero él me dijo: ¡No hagas eso! yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios. Pues el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía”. Ap. 19:10 RVC.
Este versículo tiene implicaciones aún más poderosas que VEN más allá del contexto del encuentro de Juan.
Cuando Jesús comisionó a los 12 discípulos para que vayan al mundo y hagan discípulos a las naciones, Él les estaba instruyendo que hagan lo imposible. Muchos creyentes, creen erróneamente que algunos mandatos de Cristo son posibles de ser hechos, mientras que otros son imposibles. La verdad es que todos los mandatos de Cristo son imposibles de ser hechos separados de Su gracia y el poder sobrenatural a través del Espíritu Santo.
Nuestro deseo de obedecer todo lo que Él dice nos coloca en el lugar de vivir según la promesa:
Jesús le dijo: ¿Cómo que “si puedes”? Para quien cree, todo le es posible. Mr. 9:23 RVC.
Una de las principales tareas como pastor es enseñar a los creyentes a descubrir y utilizar su herencia como hijos de Dios. Para que aprendamos a usar las promesas ilimitadas que Dios nos ha dado para lograr una manifestación de su dominio en beneficio de la humanidad.
Un enorme número de creyentes han dejado las riquezas del Cielo en el banco celestial, pensando que sólo las podemos obtener cuando muramos y vayamos allí. La creencia de que el Cielo es una realidad enteramente futura ha reducido demasiadas declaraciones de Dios en las Escrituras sobre la identidad y el llamado del creyente a verdades que se reconocen pero nunca se experimentan. Esta es la hora en que necesitamos que eso cambie.




