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La seguridad de cualquier edificio se basa en el principio de que el edificio tiene que permanecer fiel al fundamento, ya que el fundamento establece los parámetros de lo que se va a construir.

 

Por lo tanto, ustedes ya no son extraños ni extranjeros, sino conciudadanos del pueblo elegido y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular.  Ef. 2:19-20 NVI. 

 

Esta porción de las Escrituras nos dice que son los apóstoles y los profetas quienes ponen el fundamento de la Iglesia.

 

Si miramos a lo que sucedió en Pentecostés, vemos que ese es el cimiento original de la vida de la iglesia, ya que fue su introducción a la llenura y la investidura del poder del Espíritu Santo. Esto hizo que todo lo que se pensaba que era imposible para un hijo de Dios ahora fuera bastante posible. 

 

Éste fue el mayor cambio de paradigma de toda la historia de la humanidad. Ahora la débil humanidad tenía acceso a lo divino. A través de la gracia, se les permitía hacer lo que solo el Hijo de Dios podía hacer. Esa es la esencia de lo que la gracia es. Favor divino dado a través de la presencia habilitadora de Dios. Esto de seguro cambiaría todo para todos los que lo ven como realmente es.

 

Se podría decir que si alguna vez hubo una reunión que la gente no controló, no contaminó, o no redirigió conforme a sus opiniones o preferencias religiosas, tendría que ser la reunión de las 120 personas en el día de Pentecostés. 

 

Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados;  y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo.  Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia,  en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios. Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto? Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto. Hch. 2:1-13

 

Y empezó a operar la gracia, el favor divino: 

 

Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras. Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día. Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Vuestros jóvenes verán visiones, Y vuestros ancianos soñarán sueños; Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. Y daré prodigios arriba en el cielo, Y señales abajo en la tierra, Sangre y fuego y vapor de humo; El sol se convertirá en tinieblas, Y la luna en sangre, Antes que venga el día del Señor, Grande y manifiesto; Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. Hch. 2:14-21

Nadie sabía lo  suficiente como para equivocarse. Los que estuvieron involucrados en ese evento que cambio vidas invadieron al Cielo con sus oraciones e intercesiones por diez días. Y no tenían idea alguna de lo que Dios estaba a punto de hacer. Solo sabían que debían orar y que luego Él haría algo nuevo.

 

Como resultado, llegaron a ser el objetivo de la Divinidad (P,H,ES). Y la Divinidad (P,H,ES) alcanzó su objetivo al tomar a una pequeña multitud de personas hambrientas y humildes y cambiar al mundo conocido por medio de ellos.

 

 ¿Acaso no nos debe preocupar que no hemos continuado con la naturaleza y el espíritu de nuestros inicios? Obviamente, creo que debe ser una preocupación primordial. No podemos regresar al fundamento por medio del sentido de culpa o la vergüenza. Pero podemos regresar por medio del arrepentimiento, la confesión y nuestra oración sincera.

 

Cuando Jesús abordó el hecho de que habían perdido su primer amor en la iglesia de Éfeso “Sin embargo, tengo en tu contra que has abandonado tu primer amor”.  Ap. 2:4 NVI, les dijo que regresaran a los hechos que hicieron en el comienzo. Posiblemente eso sería un buen consejo para nosotros también. 

 

Nuevamente, vemos el énfasis bíblico en sostener lo que nos trajo aquí – nuestro fundamento. Nuestros inicios tienen que ser reconocidos, honrados y valorados para que sean útiles en todo lo que estamos edificando. No debemos olvidarnos de lo que nos hizo llegar aquí. No fue la tecnología, no fueron los programas brillantes con luces y sonidos. Tampoco fue por medio de grandes campañas y esfuerzos unidos con iglesias múltiples involucradas, aunque esas cosas son valiosas. 

 

Fue Él. Él llego a ser manifestado, notable y visible en y sobre la Iglesia por medio de la obra del Espíritu Santo, dentro y a través de Su pueblo. Las personas rendidas, sencillas y a veces hasta ignorantes, son las herramientas más grandes en la mano del Señor.

Pr. Rafael Vargas

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