“Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda”. Is. 30:21
El Espíritu Santo es el consolador. Permanentemente los caminos donde Él nos guía son desafiantes, y con frecuencia nos lleva más allá de nuestra zona de comodidad. En realidad, Él nos guía a donde uno necesita de la comodidad que solo Él nos puede dar.
Hay una enorme diferencia entre la advertencia que el Espíritu Santo nos da cuando algo es falso y la incomodidad que sentimos cuando ese algo está fuera de nuestro entendimiento. Aprender la diferencia es muy importante. Tenemos que aprender el privilegio de reconocerlo en nuestros tiempos privados con el Señor.
Estar “empapados” en la Palabra de Dios junto con nuestra habilidad de reconocer la presencia del Espíritu Santo son nuestra mayor salvaguarda contra el engaño. Haz que la Palabra de Dios te guie a la persona de Jesucristo. Él ha de ser conocido, y encontrado y debemos confiar en Él completamente. Cuando nos falta entendimiento, el Espíritu Santo nos trae paz. Es la Palabra de Dios la que eleva este elemento por encima del entendimiento, ya que el corazón nos llevará más lejos en Dios, cosa que la mente jamás hará.
“Y que la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guarde sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, piensen en todo lo que es verdadero… Lo que ustedes aprendieron y recibieron de mí; lo que de mí vieron y oyeron, pónganlo por obra, y el Dios de paz estará con ustedes”. Fil. 4:7-9 RVC.
Esa paz toma una posición de protección de todo lo que me corresponde. Nos protege donde el entendimiento no puede. Para experimentar la paz que sobrepasa el entendimiento, rindo mi derecho de entender. La mente es muy importante, pero cuando mi mente es la que controla mi vida cristiana, tengo una vida cristiana inferior. La entrega a los propósitos y métodos de Dios es la clave a toda actividad en el Reino.
Ahora bien, si Dios dice que ayunemos, ayunamos. La oración y la obediencia siguen siendo la clave para participar en un derramamiento del Espíritu Santo. Y siempre pidamos más. Ten presente que el ingrediente número uno es: Él.
Darle la bienvenida, dar lugar a Su corazón, darle espacio en nuestras vidas, nuestro día, nuestros servicios, solo para Él es el punto clave. A veces trabajamos tan duramente para Él, que Él podría llegar y no nos daríamos cuenta. Dios se mueve de una manera donde sólo Él recibe la gloria. Nuestro honor es participar.
Orar por avivamiento es extremadamente importante. Pero, oraras más si el avivamiento llega. Y lo que oramos durante el avivamiento es en parte lo que lo sostiene. El ayuno tiene su lugar en la búsqueda de avivamiento, pero ayunarás más y con mayor facilidad una vez que el avivamiento llegue. El ayuno es esencialmente tener hambre por algo que el alimento no puede satisfacer.
El materialismo es idolatría. Pero el materialismo cesa cuando estás experimentando un avivamiento, porque nada más importa. Aun la iglesia primitiva, en medio del avivamiento consideraba que nada les pertenecía, al buscar cómo vivir estilos de vida generosos.
“Todos los que habían creído eran de un mismo sentir y de un mismo pensar. Ninguno reclamaba como suyo nada de lo que poseía, sino que todas las cosas las tenían en común”. Hch. 4:32 RVC.
El avivamiento es vida en la gloria.
“Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno”. Jn. 17:22.
La unidad se logra mejor en la gloria, que es una manifestación del avivamiento.
Si Él indica que hay que ayunar por siete días, y que entonces vendrá el poder, entonces, hazlo. Pero necesitamos dejar de tratar de ganar el favor que Él nos ha dado y aprender a darle la bienvenida en cada aspecto de nuestras vidas. Esta es una travesía relacional, que significa que constantemente estamos tratando con lo que Él aborda en esa travesía.
Cuando mis hijos eran bebés, una de las maneras en que uno podía darse cuenta de que uno de ellos estaba enfermo era que dejaban de tener hambre. Hay otras manifestaciones de enfermedad, como la fiebre. Pero la que influye en mi pensar es la ausencia de hambre. Es una señal de enfermedad.
En el ámbito espiritual, esto es absolutamente cierto para los seguidores de Jesús. La ausencia de hambre de Dios habla de la condición del corazón que necesita ser avivado. Necesita recibir el calor del amor de Dios que restaura la esperanza y nuestra conexión con por qué estamos vivos.
De la misma manera en que no se nos puede antojar algo dulce a menos que lo dulce exista, no podemos tener hambre por la realidad del Cielo en la Tierra a menos que esa realidad exista. El avivamiento es una realidad así. Sabemos que existe porque se vio en el estilo de vida de Jesús. También sabemos que está dentro del alcance porque Jesús nos enseñó a orar por ello a través de la Oración del Discípulo, esa que dice:
“Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino, Hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. 11 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy… Amén”. Mt. 6:9-13 RVC
Fuimos diseñados para la eternidad en el Cielo. Es nuestra naturaleza tener hambre de esa realidad ahora, a través de las diferentes manifestaciones del avivamiento y sus demostraciones de gloria. El avivamiento es vivir en la gloria.
Pr. Rafael Vargas