La Biblia afirma que la Iglesia es una nación santa y que los descendientes de Abraham son hijos de la promesa, refiriéndose a la promesa de salvación.

Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable… 1 P. 2:9-10  

“No que la palabra de Dios haya fallado…..En Isaac te será llamada descendencia. Esto es: No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes. Ro. 9:6-8


Necesitamos tener  una comprensión completa y cabal de nuestro propósito e identidad. Porque NO gastaremos lo que no sabemos que tenemos en el banco. Sin una comprensión clara de quiénes somos en el plan de Dios, no tomaremos los riesgos necesarios para ver cumplidos sus propósitos. Esta carencia nos priva de pensar de una manera que produzca la transformación que Dios quiere para cada uno de nosotros y como iglesia.

Nuestra significancia y trascendencia está ligada directamente a Aquel que nos ha llamado. Está basado en la bondad de Dios. Todo el mundo necesita un Salvador que pague el precio por nosotros, para que podamos ser llamados la justicia de Dios. Ese es un gran cambio, hecho posible solo y completamente por la gracia. 

Ver nuestra trascendencia, relevancia y valor sin aumentar nuestra confianza en Dios siempre genera derecho. Y el derecho nos aleja de la gracia, y la gracia es una verdadera piedra angular de nuestra fe.

A medida que descubrimos quienes somos se empieza a producir un cambio en nuestro interior, de manera que dicha transformación produce otros frutos en nuestro diario caminar. 

Pongamos nuestro pensamiento  en la Iglesia en relación con la  siguiente profecía:  

Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones”. Is. 2:2. 

Las montañas se utilizan a menudo como símbolo de gobiernos y poderes. Si ese es el caso aquí, la casa del Señor, es decir la Iglesia, se convierte en la cima de todas las otras montañas o poderes, no en dominio, sino en influencia

El monte de la casa del Señor se refiere al Monte Sion, que es donde se plantó el Tabernáculo de David. No era un monte alto, pero todos los demás montes tenían envidia de Sion. 

“¿Por qué observáis, oh montes altos, Al monte que deseó Dios para su morada? Ciertamente Jehová habitará en él para siempre. Los carros de Dios se cuentan por veintenas de millares de millares; El Señor viene del Sinaí a su santuario. Subiste a lo alto, cautivaste la cautividad, Tomaste dones para los hombres, Y también para los rebeldes, para que habite entre ellos JAH Dios”. Sal. 68:16-18

Esta montaña tenía el Arca del Pacto y la comunidad de creyentes que adoraba. Esa gloria faltaba en todos los demás lugares altos. El resultado fue que las naciones acudieron al Señor.

Tanto “el Monte Sion” como “el Tabernáculo de David” son términos usados para describir la Iglesia del Nuevo Testamento, por lo que este versículo de Is. 2 adquiere significado para nosotros ahora mismo. 

sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles;” He. 12:22

“En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David, y cerraré sus portillos y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado;” Amós 9:11 

Y para terminar de reafirmar, en  Hch. 15:16 dice:  Después de esto volveré Y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; Y repararé sus ruinas, Y lo volveré a levantar”.

Al mismo tiempo, revela el poder involucrado con la adoración auténtica y cómo limpia el aire de la oscura influencia espiritual, permitiendo a las personas ver claramente para que puedan venir a Cristo.

Levántese Dios, sean esparcidos sus enemigos, Y huyan de su presencia los que le aborrecen. Como es lanzado el humo, los lanzarás; Como se derrite la cera delante del fuego, Así perecerán los impíos delante de Dios. Mas los justos se alegrarán; se gozarán delante de Dios, Y saltarán de alegría”. Sal. 68:1-3

Esto también se aprecia en otras partes de la Escritura. Un gran ejemplo está en Isaías, donde vemos que las personas que pasan por las puertas, que se refieren a la alabanza, en realidad están despejando el camino para los demás  Is. 60:18  “Nunca más se oirá en tu tierra violencia, destrucción ni quebrantamiento en tu territorio, sino que a tus muros llamarás Salvación, y a tus puertas Alabanza;” e  Is. 62:10 Pasad, pasad por las puertas; barred el camino al pueblo; allanad, allanad la calzada, quitad las piedras, alzad pendón a los pueblos”.

El pasaje de Isaías 2:2  se repite en Miqueas 4:1  “Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa de Jehová será establecido por cabecera de montes, y más alto que los collados, y correrán a él los pueblos”. Se repite debido a su importancia. En ambas ocasiones, está marcado con la frase últimos días. 

Es inconsistente creer el conocido pasaje de Joel 2 sobre el derramamiento del Espíritu Santo en los últimos días, y luego rechazar las promesas que se refieren a la victoria y la influencia sobre las naciones.

“Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones… Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo; porque en el monte de Sion y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Jehová, y entre el remanente al cual él habrá llamado”. Joel 2:28-32

Entonces las piedras vivas de la casa de Dios han de estar avivadas para ejecutar la tarea que ha sido comisionada por el Señor. “Vayan y hagan discípulos a todas las naciones, bautícenles en el nombre del P, del H y del E. S., enséñenles a guardar las cosas que os he mandado y he aquí estoy con Uds. hasta el fin del mundo”.

Pr. Rafael Vargas

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