La iglesia de Corinto tenía activos los dones del Espíritu, pero ellos no los usaban apropiadamente. Por ello Pablo les escribió las cartas que conocemos como 1a y 2a Corintios, con el propósito de corregirles como un padre espiritual.
“De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre. Y vosotros estáis envanecidos. ¿No debierais más bien haberos lamentado, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que cometió tal acción?” 1 Co. 5:1-2
Pablo se enteró que un hombre de la iglesia estaba acostándose con la mujer de su propio padre. El hombre y la mujer en cuestión estaban totalmente de acuerdo, pero el apóstol Pablo estaba furioso y no iba a permitir que eso continuara en la iglesia. Así que Pablo dijo, “esto está mal. ¿Intentaron llamar a este hombre al arrepentimiento?”
La respuesta pudo ser: “Si, pero no se quiere arrepentir así que lo dejamos ahí no más. Que siga asistiendo a la Congre, al final a ver si se arrepiente y cambia su proceder”.
“Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús”. 1 Co. 5:3-5.
Pablo estaba diciendo: "Este hombre es salvo, su espíritu es salvo, pero si no se arrepiente, lo entregas al diablo y dejas que el diablo tenga su carne".
A partir de esto vemos que el diablo puede oprimir a un creyente en la iglesia también.
Las obras de la carne se oponen a las cosas de Dios, pero la Biblia nos dice cómo crucificar la carne. La progresión del ministerio de liberación es primero crucificar la carne y luego expulsar al demonio, no al revés. La Biblia dice que cuando tratamos con nuestra carne, desechamos el viejo hombre, que es engañoso según su perversa concupiscencia.
“En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente. Entonces... vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”. Ef. 4:22-24
“Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo. El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad. Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Ef. 4:26-29
Observe la frase ni deis lugar al diablo. La palabra “lugar” significa ocupación, tenencia, posesión. Así que Pablo dice que no le den lugar al diablo. En este contexto, se refiere a la manipulación de la carne. Si has hecho todo lo posible por someter tu carne según lo que dice la Biblia, pero aún tienes problemas, eso significa que algo o alguien está manipulando tu carne desde dentro. Ese algo o alguien te impide la victoria. Sin embargo, eso no te quita la ocupación del Espíritu Santo. Entonces, ¿cuál es ese "lugar" que se le puede dar al diablo? Obviamente, es nuestra carne.
En Ef. 6:12, Pablo dijo: Porque no tenemos lucha contra sangre y carne. En otras palabras, nuestra lucha no es contra seres humanos, es en el ámbito espiritual es; … contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Estamos peleando contra la actividad demoniaca.
Si has abierto “una puerta” en tu vida, estás en una lucha con el diablo. En el mismo contexto, Pablo dice: Esto es lo que deben hacer para que el diablo no los invada:
“Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.” Ef. 6:11-17.
Podrías pensar que debido a que la Biblia nos enseña a ponernos toda la armadura de Dios, tal vez no tengamos que preocuparnos por la opresión demoníaca, pero un soldado bien armado aún tiene que luchar. Si no te armas y te preparas para la batalla, tendrás que lidiar con la opresión demoníaca. Todos debemos hacer un esfuerzo consciente cada día para equiparnos.
Pablo no dice simplemente que peleamos o golpeamos. Usa la palabra «luchamos». La lucha libre es la forma de combate más directa que existe. Estamos en plena batalla campal contra el diablo, pero todavía hay quienes dicen que es imposible que un cristiano tenga un demonio cuando el propósito de la armadura de Dios es protegerte de la opresión del enemigo.
“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”. 2 Ti. 1:7
Observen que Pablo llamó espíritu. El miedo es un espíritu demoníaco. Y, como nos enseñó el apóstol Juan, el amor perfecto echa fuera el temor (1 Jn. 4:18). Así que, si Dios le dice a la iglesia: «No les he dado el espíritu de temor», revela que algunas personas en la iglesia sí luchan con ese espíritu. Pero, como dice la Biblia, este espíritu no proviene de Dios.
Tiene que venir de alguna parte porque el texto dice que los cristianos están oprimidos por ello, así que sabemos que viene del enemigo.
“sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido”. Stgo. 1:14
Ya hemos establecido que tenemos una carne y somos capaces de ser arrastrados por nuestra propia lujuria carnal. Pero luego Santiago añade y seducido. El alejamiento de nuestra lujuria y la seducción mencionada en el texto provienen claramente de dos fuentes diferentes. Algo está atrayendo nuestra lujuria. Algo está manipulando nuestra carne. Algo está controlando nuestra mente.
Si nosotros los cristianos hemos crucificado nuestra carne y nos consideramos muertos, aun así, todavía luchamos con esto, que es la opresión demoniaca del enemigo.
Pr. Rafael Vargas