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“Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo”. 1 Jn. 4:1 

Juan nos exhorta a "probar los espíritus". Cuando la Biblia nos dice que debemos evaluar si un espíritu es "de Dios", significa que algunos espíritus son de Dios y los demás no. Juan dice que el esfuerzo para evitar ser seducido por los espíritus oscuros de los falsos profetas debe implicar probar los espíritus, lo que indica la dificultad de discernir los espíritus que pueden aparecer como "ángeles de luz". 

“Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz”. 2 Co. 11:14

A menudo tendremos que evaluar los espíritus para discernir si son ángeles de Dios o demonios de Satanás.

“…Él hace que sus ángeles sean como vientos, y sus ministros como llamas de fuego”. He. 1:7 RVC

Los ángeles nos ministran, mientras que los demonios buscan destruir nuestra paz. Además de su objetivo de invadir nuestra carne, esa es la misión más clara de un demonio. Por eso tenemos depresión, ansiedad, problemas familiares, enfermedades y dolencias. El diablo quiere robarnos la paz. Los ángeles de Dios están para ministrar paz acudiendo a nosotros en momentos de necesidad.

Mateo 4 dice que, después de haber ayunado cuarenta días y sus noches, Jesús tuvo una confrontación con el diablo. Quien tentó a Jesús en 3 ocasiones, de las cuales, Jesús salió victorioso y entonces el diablo lo dejó, y unos ángeles vinieron y lo servían  Mt. 4: 11 RVC. 

Si Jesús necesitaba ángeles que lo atendieran en momentos de necesidad, ¿cuánto más necesitamos nosotros que nos atiendan? En resumen, mientras los ángeles nos ministran paz y a nuestro alrededor, los demonios roban la paz de nuestra carne y del entorno.

Para facilitar aún más el discernimiento entre ángeles y demonios, es importante reconocer que nunca en la Biblia se menciona que los ángeles requieran gloria, alabanza o adoración. Pero un demonio desea ser adorado y desea atención. Si bien el don del discernimiento de espíritus puede, exponerlos antes de que se excedan, debemos comprender que los demonios son implacables, por lo que permanecer vestidos con toda la armadura de Dios es crucial en la guerra espiritual

Los demonios obran sin descanso contra todos nosotros, y es una tontería ignorarlo

Si no fuera por los espíritus de Dios que nos vigilan y que han sido enviados para protegernos, animarnos, iluminarnos, enriquecernos y acompañarnos en la batalla seríamos mucho más vulnerables al enfrentarnos al enemigo. Los ángeles son reales y a menudo están presentes. No te dejes abrumar por las persistentes obras de la oscuridad, sino reconoce a los ángeles mucho más poderosos que obran a tu alrededor, incluso cuando no te das cuenta. Sobre todo, ¡mantente firme en la armadura de Dios mediante la morada del Espíritu Santo en ti, en el poderoso nombre de Jesús!

“Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. 12 La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz”.  Ro. 13:11-12

En  Hechos, los creyentes predicaban la Palabra y los demonios, incitados, se identificaban. Entonces el predicador simplemente decía: “En el nombre de Jesús, debes salir”. Y funcionaba, y la vida de la gente cambiaba para siempre. Esto es lo que Jesús nos enseñó a hacer y nos mandó hacer.

Hay dos reinos en guerra. Un reino de Cristo y otro del diablo. Debemos determinar de qué lado estamos. Podemos quedarnos con lo que sabemos y arriesgarlo todo para construir la iglesia que Dios nos ha llamado a construir, o podemos quedarnos con lo que nos resulta cómodo y construir la iglesia que esta cultura quiere que construyamos.

Hemos comprendido que Jesús cumplió con todo su ministerio. Estamos agradecidos de estar en su compañía. Si buscas la libertad en tu vida, o si tú también sientes el llamado a liberar a la gente, únete a nuestros grupos de alcance.

Todo es acerca de Jesús. 

“… He aquí, vengo; En el rollo del libro está escrito de mí; El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, Y tu ley está en medio de mi corazón”. Sal. 40:7-8

La Biblia no se trata de personas, lugares ni cosas, sino de una sola persona. Toda la Biblia, de principio a fin, trata de una sola persona: Jesús. Hay un hilo rojo del amor de Jesucristo en cada historia y cada parábola. En cada palabra está Jesús. Aquí va una pequeña muestra.

En Génesis, Él es la descendencia de la mujer. En Éxodo, Él es la roca. En Levítico, Él es el cordero del sacrificio. En Números, Él es la serpiente de bronce. En Deuteronomio, Él es el Profeta. 

En Josué, Él es el capitán de los ejércitos del Señor. En Jueces, Él es el gran juez. En 1 y 2 Samuel, Él es el gran rey. En Salmos, Él es nuestro Pastor, nuestro escudo y nuestra torre fuerte. En Proverbios, Él es la sabiduría personificada. En Isaías, Él es el Consejero Admirable, Dios Poderoso. En Jeremías, Él es el que llora. En Daniel, Él es el cuarto hombre en el fuego. 

En Mateo, es el Hijo del Hombre. En Marcos, es el Hijo de Dios. En Lucas, es nuestro Salvador sufriente. En Juan, es el magnífico Hacedor de Milagros. En Hechos, Él es el edificador de la iglesia. En Romanos, Él es nuestro justificador. En 1 y 2 Timoteo, Él es el que equipa a los que están en el ministerio. En Filemón, Él es el pagador de la deuda. En Hebreos, Él es el Gran Sumo Sacerdote. En Apocalipsis, Él es el Rey de reyes y Señor de señores, el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último, el que era, el que es y el que siempre será.

Pr. Rafael Vargas

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