“Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda”. Mt. 18:23-27
En Mt. 18:27 vemos que el Señor de la parábola se conmovió porque el hombre se postró con arrepentimiento y humildad, suplicando. Solo el Rey podía empeorar la situación o liberar al hombre de la deuda y mejorarla. El Rey, sabiendo que el hombre no podía pagarle, y viendo su sumisión y humildad, dijo: “Voy a hacer algo mejor que darte más tiempo. Voy a perdonarte todo”. El hombre tenía una deuda que jamás podría pagar, y el Rey la borró por completo simplemente porque era un hombre compasivo y comprensivo.
A lo largo del Antiguo Pacto vemos que Dios siempre requirió sangre. En el Antiguo Testamento, el sacrificio de sangre solo cubría el pecado y la rebelión del pueblo, por un periodo de tiempo limitado, antes de que se requiriera otro sacrificio. La razón de ello está expresada en el siguiente versículo:
“porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados”. He. 10:4
“Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión”. He. 9:22
¡Jesucristo viene por segunda vez!
La Palabra de Dios y la cultura están en conflicto, y no se puede seguir a Jesús y a la cultura al mismo tiempo. Con esta certeza, es crucial que el cuerpo de Cristo comprenda el papel profético de la liberación en estos últimos días.
“Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte”. Ap. 12:10-11




