En el ministerio de liberación, el principio de que un demonio regresa a la casa de donde salió se ha malinterpretado con efectos negativos, ya que ha mantenido a más personas en cautiverio que las que ha liberado.
“Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla. Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada. Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero. Así también acontecerá a esta mala generación”. Mt. 12:43-45
En la liberación, lo primero que debemos determinar es si las personas que vamos a ministrar son salvas o no. Si una persona no es salva mediante el arrepentimiento y la fe en la Palabra de Dios, y no ha sometiendo su vida al señorío de Cristo, permanece vulnerable a los demonios. La manera efectiva de expulsar demonios de una persona perdida es primero lograr su salvación y luego ministrarla en liberación.
ra que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero”. Mt. 12:31-32.
“Entonces fue traído a él un endemoniado, ciego y mudo; y le sanó, de tal manera que el ciego y mudo veía y hablaba. Y toda la gente estaba atónita, y decía: ¿Será éste aquel Hijo de David? Mas los fariseos, al oírlo, decían: Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios”. Mt. 12:22-24.
Jesús acababa de echar fuera un demonio cuando los fariseos le acusaron de liberar al hombre haciendo uso de un poder demoniaco. En su respuesta, rica y aleccionadora, Jesús sacó a luz lo que llamamos un pecado imperdonable.
“Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; más la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero”. Mt. 12:31-32.
“Llegaron a Cafarnaúm, y en cuanto llegó el día de reposo, Jesús fue a la sinagoga y se dedicó a enseñar. La gente se admiraba de sus enseñanzas, porque enseñaba como corresponde a quien tiene autoridad, y no como los escribas”. Mr. 1:21-22 RVC.
El evangelio de Marcos es el que registra la mayor cantidad de milagros hechos por Jesús. Solo en el primer capítulo ya tenemos el relato de tres liberaciones. Y estas increíbles historias se dan en un período de veinticuatro horas en el ministerio de Jesús, un día en la vida de Cristo.
Jesús y sus discípulos llegan a Cafarnaúm, e inmediatamente se dirigen a la sinagoga, allí abre un rollo y comienza a enseñar la Palabra. Cuando lo hace, la Escritura dice: Se admiraron de sus enseñanzas. Noten que presenta doctrina, no sugerencias ni comentarios.
Cuando Jesús realizó el milagro de echar fuera del hombre al demonio que le enmudecía, este milagro conmocionó a todos, y ya estaba demostrando que Jesús era el evangelio personificado.
“Pues si yo echo fuera los demonios por Beelzebú, ¿vuestros hijos por quién los echan? Por tanto, ellos serán vuestros jueces”. Lc. 11:19.
En aquel tiempo, los judíos creían en una forma de exorcismo que no les daba la victoria porque desconocían el elemento clave para expulsar demonios: el poder del nombre de Jesús.





