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“Llegaron a Cafarnaúm, y en cuanto llegó el día de reposo, Jesús fue a  la sinagoga y se dedicó a enseñar. La gente se admiraba de sus enseñanzas, porque enseñaba como corresponde a quien tiene autoridad, y no como los escribas”.  Mr. 1:21-22 RVC.

El evangelio de Marcos es el que registra la mayor cantidad de milagros hechos por Jesús. Solo en el primer capítulo ya tenemos el relato de tres liberaciones. Y estas increíbles historias se dan en un  período de veinticuatro horas en el ministerio de Jesús, un día en la vida de Cristo

Jesús y sus discípulos llegan a Cafarnaúm, e inmediatamente se dirigen a la sinagoga, allí abre un rollo y comienza a enseñar la Palabra. Cuando lo hace, la Escritura dice: Se admiraron de sus enseñanzas. Noten que presenta doctrina, no sugerencias ni comentarios.

Si se elimina la doctrina de la Biblia, se elimina la enseñanza bíblica y todo se convierte en un caos, que es precisamente lo que vemos en muchas iglesias hoy. Hay que creer y obedecerla en su totalidad, incluso las partes difíciles.

Todos en la sinagoga quedaron asombrados de su enseñanza. Porque les enseñaba “como quien tiene autoridad y no como los escribas”. Esto nos muestra que los escribas no tenían autoridad. Tenían la Ley escrita en sus rollos. Tenían un conjunto de normas, pero ellos carecían de autoridad. 

Cuando Jesús nos dio la Palabra con autoridad, en efecto nos otorgó la autoridad de su Palabra. Cuando hablamos del poder en “el nombre de Jesús”, nos referimos a esta autoridad. Si la iglesia quiere operar con el poder de esta autoridad, debemos dejar de lado las ambigüedades y comenzar a predicar lo que la Biblia realmente dice.

“Pero había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, que dio voces, diciendo: ¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios”. Mr. 1:23-24. 

Es importante entender que no era el hombre quien gritaba, sino el espíritu inmundo que lo habitaba. El demonio gritó mientras Jesús predicaba. Algo en su predicación había provocado que ese espíritu inmundo se tuviera que manifestar. Jesús sacó el espíritu inmundo del hombre y lo dejó en la sinagoga, y luego usó este suceso como punto de partida para seguir predicando la Palabra. 

Resulta realmente interesante que esta primera liberación registrada ocurriera en la sinagoga con un feligrés. Esto nos indica que el hombre no estaba allí para causar problemas, sino para someterse a la enseñanza. Estaba sentado tranquilamente durante el servicio hasta que algo que Jesús dijo activó al espíritu maligno que había en él, el cual clamó: ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno?. De este “nosotros” deducimos que había más de un espíritu maligno en el hombre. En las Escrituras vemos que los demonios siempre vienen en grupos. El demonio continuó: ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios.

Es curioso que los demonios llamen a Jesús, Hijo de Dios, y que lo llamen el Santo de Dios, pero jamás lo llamen Señor. El diablo no lo permite porque él quiere ser Señor. De entre toda la gente que había en la sala, solo un demonio se atrevió a llamar a Jesús, Santo de Dios. Nadie más lo reconoció durante el servicio, excepto los demonios, ¡y tenían razón! Lo conocían entonces y lo conocen ahora.

“Pero Jesús le reprendió, diciendo: ¡Cállate, y sal de él! Y el espíritu inmundo, sacudiéndole con violencia, y clamando a gran voz, salió de él. Y todos se asombraron, de tal manera que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es esta, que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen?”  Mr. 1:25-27. 

Jesús le reprendió. Después de que el espíritu inmundo sacudiera con violencia al hombre y gritara a gran voz, salió de él. Salió porque Jesús se lo ordenó. 

La verdad es que esta no era una nueva doctrina. El exorcismo se había estado practicando por largo tiempo, incluso antes de que apareciera Jesús en escena, pero Jesús lo hizo de forma exitosa porque anteriormente no existía poder alguno hasta que Él entró en la escena. La doctrina de la liberación siempre estuvo ahí, lo que era nuevo era la autoridad. Jesús ordenó a los espíritus inmundos con autoridad y ellos le obedecieron.

“Y muy pronto se difundió su fama por toda la provincia alrededor de Galilea. Al salir de la sinagoga, vinieron a casa de Simón y Andrés, con Jacobo y Juan. Y la suegra de Simón estaba acostada con fiebre; y en seguida le hablaron de ella. Entonces él se acercó, y la tomó de la mano y la levantó; e inmediatamente le dejó la fiebre, y ella les servía”.  Mr. 1:28-31.

De esto sabemos que lo primero que hizo famoso a Jesús fue el acto de expulsar demonios. El Salmo 105:1 dice: “Alabad a Jehová, invocad su nombre; Dad a conocer sus obras en los pueblos”. Los actos milagrosos de Dios siempre traen fama a su nombre, y la Biblia nos instruye que hagamos lo mismo. 

La liberación fue el hecho milagroso más común en el ministerio de Jesús. Donde fuera que predicaba, Él invariablemente echaba fuera demonios. La Biblia nos instruye hacer lo mismo.

Saliendo de la sinagoga, ellos se fueron a la casa de Simón Pedro y Andrés. La suegra de Pedro estaba enferma en cama con fiebre y se lo dijeron a Jesús. Él inmediatamente se acercó, la tomó de la mano y la curó.

“Y tocó su mano,  y la fiebre la dejó;  y ella se levantó,  y les servía”. Mt. 8:15  

Cuando llegó la noche, luego que el sol se puso, le trajeron todos los que tenían enfermedades y a los endemoniados; 33 y toda la ciudad se agolpó a la puerta. Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios, porque le conocían”. Mr. 1:32-34.

En solo este primer capítulo del evangelio de Marcos, Jesús confronta demonios que estaban oprimiendo a las personas. Fue a la sinagoga y echó fuera a un grupo de demonios. Él fue al almuerzo y echó fuera un demonio que causaba fiebre a la suegra de Pedro. Luego de todos los alrededores del pueblo vinieron a la casa preguntando por Él para que echara fuera demonios y sanara a los enfermos. 

Temprano, la próxima mañana Jesús se fue a orar a un lugar solitario. Simón Pedro y algunos  discípulos le buscaron, y cuando lo encontraron le dijeron:  “… Todos te buscan. Él les dijo: Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido. Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios. Mr. 1:37-39

En este 1er. capítulo del evangelio de Marcos, Jesús tuvo tres encuentros con demonios en ocasiones diferentes en el mismo día. Y cada encuentro fue con múltiples demonios. Y en cada uno de ellos, los echo fuera de la vida de quienes estaban oprimidos por ellos. Así era un día en la vida de Cristo. 

Pr. Rafael Vargas

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