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Estaba Jesús echando fuera un demonio, que era mudo; y aconteció que salido el demonio, el mudo habló; y la gente se maravilló. Pero algunos de ellos decían: Por Beelzebú, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios. Otros, para tentarle, le pedían señal del cielo. Lc. 11:14-16.

Luego que Jesús echara fuera el demonio que estaba en el hombre mudo, en el vs. 16 la gente básicamente le estaba pidiendo que demostrara que ÉL realmente tenía poder del Dios viviente

“Mas él, conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado; y una casa dividida contra sí misma, cae”.  Lc. 11:17

Jesús validó de inmediato la existencia tanto del reino de Dios como el de Satanás. Él, señaló que, el diablo también tiene un reino sobrenatural, muy bien organizado y estratégicamente estructurado. Cuando Satanás cayó, junto con los ángeles que se rebelaron con él, asumió la administración de base que Dios había colocado con tanta soberanía y perfección en el cielo. De las Escrituras deducimos que el diablo o no tiene capacidades creativas o sabe que lo que Dios creó es insuperable, por lo que tiene que robar o imitar lo que Dios ya ha creado.

Jesús afirma que el diablo tiene un reino, y es una maquinaria militar bien engrasada con principados, potestades, gobernantes y planes de maldad espiritual que operan desde las alturas.  

“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”. Ef. 6:12 

Satanás controla principados estructurados sobre ciertas regiones y tiene poder sobre ciertos gobiernos.

Por eso algunas zonas del mundo están cubiertas por una oscura nube de perversión y maldad: donde hay un manto de rebelión y brujería que las manipula. La Biblia nos recuerda que nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra esos principados y potestades; no contra los hombres y mujeres que gobiernan los gobiernos, sino contra la administración demoníaca que los controla a través de su carne. Y esa es una administración sofisticada.

“…Todo reino dividido contra sí mismo,  es asolado,  y toda ciudad o casa dividida contra sí misma,  no permanecerá”. Mt. 12:25

La mayoría de la gente se da cuenta de que la declaración de Jesús es verdadera, independientemente del tipo o clase de gobierno.

Julio César fue un artífice fundamental para la constitución del Imperio Romano hasta alcanzar un dominio aterrador basándose en el axioma de poder: divide y vencerás. Es una verdad absoluta, bien conocida en tiempos de Jesús. Así, cuando estos religiosos acusaron a Jesús de expulsar al diablo con su poder, Él los reprendió fácilmente con este versículo, ahora famoso, Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado.

“Y si también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo permanecerá su reino? ya que decís que por Beelzebú echo yo fuera los demonios”. Lc. 11:18

Jesús no validó la existencia del reino del diablo una sola vez; lo validó dos veces. Lo llamó "su reino": el reino del diablo. Éste es un reino que quiere permanecer tan invisible que nunca salga a la luz. La triste realidad es que, en la mayoría de las iglesias, el reino del diablo nunca saldrá a la luz porque los líderes temen exponer algo que no pueden ver, por lo que permanece invisible junto con sus perversas maquinaciones internas, para que nunca sea expuesto. Por eso, el reino del diablo se mantiene cómodo en la mayoría de las iglesias. Hay un dicho famoso que dice: “El mayor engaño que el diablo usó fue convencer al mundo de que él no existe”. Este dicho es famoso porque es cierto.

Hay una razón por la que esta confrontación representa una transición tan controvertida en el ministerio de Jesús. ¿Sabías que prácticamente todos los milagros imaginables se realizaron en el Antiguo Testamento, excepto uno?  En el Antiguo Testamento, multitudes fueron alimentadas y el agua brotó de las rocas en el desierto. El Mar Rojo se dividió. Personas muertas volvieron a la vida. La lepra fue limpiada. Las enfermedades mortales fueron curadas… Y la lista continúa.

El Antiguo Testamento está repleto de los milagros que vemos en el Nuevo Testamento, excepto uno: ningún demonio era expulsado de una persona antes de que Jesús comenzara su ministerio. ¿Por qué? Porque las personas no tenían la autoridad hasta que Jesús nos la dio.

Pr. Rafael Vargas

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