“Entonces fue traído a él un endemoniado, ciego y mudo; y le sanó, de tal manera que el ciego y mudo veía y hablaba. Y toda la gente estaba atónita, y decía: ¿Será éste aquel Hijo de David? Mas los fariseos, al oírlo, decían: Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios”. Mt. 12:22-24.
Jesús acababa de echar fuera un demonio cuando los fariseos le acusaron de liberar al hombre haciendo uso de un poder demoniaco. En su respuesta, rica y aleccionadora, Jesús sacó a luz lo que llamamos un pecado imperdonable.
“Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; más la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero”. Mt. 12:31-32.
Cuando Jesús se refirió a esta categoría particular de blasfemia como el pecado imperdonable, enfatizó que, si bien es posible blasfemar contra Él, Dios Hijo y aun así encontrar el perdón, una persona no puede blasfemar contra Dios Espíritu Santo y esperar recibir el perdón nunca. No hay pecado más grave que ese. A lo largo de los siglos, se ha especulado mucho sobre qué significa exactamente blasfemar contra el Espíritu Santo.
Haciendo la lectura del pasaje de Mateo 12:22-37 tenemos el contexto completo y entonces la respuesta es innegable. Blasfemar contra el Espíritu Santo es presenciar una obra milagrosa del Espíritu Santo ejecutada a través de alguien y afirmar que su origen es un espíritu maligno. Al hacer tal afirmación, se estaría diciendo que el Espíritu Santo es un espíritu inmundo, un poder demoníaco.
Siempre debemos dejar que la Biblia explique la Biblia.
Al revisar la enseñanza registrada en el Evangelio de Marcos en el capítulo 3, también en el contexto de Jesús expulsando demonios, vemos la blasfemia contra el Espíritu Santo claramente definida cuando Jesús les dijo esto a los fariseos:
“De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean; pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno. Porque ellos habían dicho: Tiene espíritu inmundo”. Mr. 3:28-30.
Jesús advirtió a los fariseos sobre la “condenación eterna” que resulta de blasfemar contra el Espíritu Santo porque afirmaban que el Espíritu que obraba en Jesús, era “un espíritu inmundo”. Eso es una blasfemia de la peor clase.
En resumen, ten cuidado de no intentar destruir, desacreditar ni demonizar la obra de Dios, intentando aparentar espiritualidad solo porque no crees ni entiendes lo que sucede. Así que, si ves el poder del Espíritu Santo manifestándose en este mundo, no cometas el error de decir que es obra del diablo.
En esta confrontación, como ocurría en todo el Nuevo Testamento, los fariseos actuaban bajo el espíritu de religiosidad, que es demoníaco, y eso salió a relucir.
“Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica”. Stgo. 3:14-15.
Volviendo a al capítulo 12 de Mateo:
“O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, o haced el árbol malo, y su fruto malo; porque por el fruto se conoce el árbol. ¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas. Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado”. Mt. 12:33-37.
En el contexto de esta blasfemia y el juicio erróneo que la provoca, Jesús prosiguió diciendo que, al llegar el fin, Dios juzgará a los buenos de los malos por sus frutos (v. 33), y que los malvados hablan mal de corazón (vv. 34-35). Jesús añadió que los malvados serán juzgados con severidad por cada palabra ociosa que pronuncien (v. 36): Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado (v. 37).
Sabemos, que los hombres serán juzgados con severidad, posiblemente incluso condenados, por el mal que pronuncien, incluso por conjeturas ociosas. La blasfemia contra el Espíritu Santo es claramente una ofensa verbal que conlleva tal condenación. Si eres nuevo en la obra sobrenatural de Dios, cuando suceda algo que no comprendas, ten cuidado de controlar tus palabras.
En este discurso, Jesús se dirigía a los fariseos, la multitud religiosa. Además de advertirles que no blasfemaran contra el Espíritu Santo, también les aconsejaba que midieran bien sus palabras y que no descartaran algo o a alguien como falso simplemente porque no lo entendían.
Nunca podremos juzgar la autenticidad de alguien por el volumen de su voz, la denominación religiosa a la que pertenece, su canto ni por ningún otro rasgo de su apariencia. La autenticidad se revela únicamente por sus frutos. Los frutos son la medida fundamental de su veracidad.
Como ejemplo bíblico, consideremos al profeta Elías. La Biblia dice que Dios le habló a Elías con una voz suave y apacible.
“Él le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado”. 1 R. 19:11-12.
El hecho de que la Biblia diga que Dios no estaba en el torbellino, el terremoto o el fuego, cuando habló con Elías, no significa que Dios nunca hable desde esos entornos. Simplemente significa que, en la vida de Elías, Dios no habló ni se reveló a sí mismo de esa forma. ¿Qué habría pasado si Elías hubiera dicho: “Dios solo habla en voz baja y apacible. Nunca habla en el torbellino. Nunca habla durante el terremoto. Y nunca habla en el fuego.”? ¿Saben qué habría hecho? Habría abandonado a Job, porque Dios no le habló en voz baja y apacible. Dios le habló a Job desde el torbellino. Dios puede revelarse a la iglesia como Él quiera.
Pr. Rafael Vargas