Luego de Pentecostés la Iglesia empezó a crecer abundantemente debido a que hubo el derramamiento del Espíritu Santo. Y se empezó a apreciar el suceso de muchas cosas particulares.
“Entonces José, a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé, levita, natural de Chipre, como tenía una heredad, la vendió y trajo el precio y lo puso a los pies de los apóstoles”. Hch 4:36-37
En Hechos 5, encontramos en la Iglesia a dos miembros que se llamaban Ananías y su esposa Safira. Estas dos personas eran miembros de la iglesia, por ende, salvos, bautizados y llenos del Espíritu. Ellos mencionaron a la Asamblea que habían vendido una propiedad suya y dieron el dinero obtenido a la iglesia, cuando ellos solamente dieron una parte. El problema era que ellos dijeron que lo habían dado todo. Ellos mintieron solo para que los vieran que eran más santos que los demás.
Bernabé había dado una gran suma de dinero a la iglesia y las personas habían respondido con alabanza, Ananías y Safira querían gozar de una situación similar. Ananías era salvo y, en apariencia, era tan justo como Bernabé y los demás, pero algo se apoderó de él.
Pedro da la respuesta cuando le pregunta a Ananías:
“¿Por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo?” Hch. 5:3.
La palabra llenó implica opresión. Ef. 5:18 nos instruye a ser llenos del Espíritu y, en el relato de Ananías, Pedro usa la misma palabra para llenó.
Así que, aunque Ananías había recibido la llenura del Espíritu Santo, ahora, él estaba lleno del diablo. Por eso, prácticamente él hablaba en nombre del diablo, pues tenía un espíritu de mentira dentro de él. Pedro lo denunció, y Ananías cayó al suelo muerto, y su esposa sufrió la misma experiencia tres horas después. Es sorprendente que Dios haya hecho esto, y podemos estar agradecidos de que no actúe así cada vez que alguien le miente. Él adoptó este enfoque porque era la primera vez que la perversidad se infiltraba a través del orgullo y el engaño, y Dios decía: “Déjenme mostrarles lo que pienso sobre ello”. Que esto nos sirva de lección: Dios odia la perversidad en todas sus formas, odia la mentira.
Ananías y Safira resultaron creyentes que albergaron demonios. Vamos por más en este tema:
“Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de él, vino y se postró a sus pies. La mujer era griega, y siro fenicia de nación; y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio. Pero Jesús le dijo: Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos. Respondió ella y le dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos. Entonces le dijo: Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija”. Mr. 7:25-29
Jesús llama el pan de los hijos a la liberación de demonios. La mujer le ruega que eche fuera de su hija al demonio, y Jesús claramente se refiere al hecho como el pan de los hijos. Mientras la redención y la salvación son para los perdidos, la liberación de demonios es para el pueblo de Dios. Así que la expulsión de los demonios, el pan de los hijos, está destinado específicamente a la iglesia del Señor.
En este pasaje, es importante notar que Jesús expone el espíritu de religiosidad. Es el demonio principal que debe ser expulsado de la iglesia, ya que es la razón por la que a las personas les cuesta aceptar el ministerio de liberación; están oprimidas por un espíritu religioso que quiere mantener a la iglesia en esclavitud.
Hasta acá, podemos concluir que la expulsión de demonios, el pan de los hijos, está destinado específicamente a la iglesia del Señor.
Pr. Rafael Vargas