“¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo. ¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne. Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él. Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; más el que fornica, contra su propio cuerpo peca. ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” 1 Co. 6:15-19
Pablo es explícito al referirse al tema de la inmoralidad sexual y nos recuerda que nosotros nunca debemos profanar nuestros cuerpos, es decir nuestros templos, con perversidad como la fornicación.
El versículo 19 NO dice que tal contacto perverso no sea posible para alguien que está habitado por el Espíritu Santo, sólo nos dice que nunca debería suceder. En los versículos del 15 al 18 de 1 Co. 6, Pablo nos habla de la forma en que tratamos nuestros cuerpos a través de la idolatría y la perversidad de la cultura. En ninguno de estos pasajes la Palabra de Dios dice que un cristiano NO pueda estar bajo la influencia de un espíritu demoníaco, a pesar de ser templo del Espíritu.
Pablo deja claramente establecido que nuestra lucha es de orden espiritual:
“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”. Ef. 6:12.
Dado que sabemos que la idolatría y la perversidad son ejemplos de cómo luchamos contra la maldad espiritual, vemos que tales luchas evidencian, sin duda, que los espíritus malignos pueden atacar nuestra mente y nuestro cuerpo. El apóstol Pablo lo afirma:
“Y yo sé que, en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago”. Ro. 7:18-19
Así que, el hombre que escribió la mayoría de los libros del Nuevo Testamento, el hombre de Dios nacido de nuevo y lleno del Espíritu Santo, que enseñó más acerca del Espíritu Santo que nadie excepto Dios mismo, está afirmando claramente que algo malo "mora" en su carne, y ciertamente no es de Dios. Pero es importante ver que lo "nada bueno" que mora en él no mora en su espíritu, sino solo en su mente y su cuerpo físico. Debemos entender que en nuestra carne no mora nada bueno, y algo malo sí puede morar allí, como sucedió en Pablo.
“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías”. Ga. 5:19-20
En conjunto, esto indica que el Espíritu Santo puede vivir en mí incluso cuando mi carne está corrompida, tal como sucedió en el caso de Pablo. Si crees que un demonio no puede vivir en tu carne porque eres creyente, te equivocas.
Dios es omnipresente, por lo que el Espíritu de Dios mora con la maldad de la cultura. De hecho, como escribió David bajo la inspiración de Dios: Si subiere a los cielos, allí estás tú; Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Sal. 139:8.
“Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche”. Ap. 12:10
Satanás es el acusador de los hermanos, y los acusa delante del mismísimo trono de Dios. Es absurdo decir que el Espíritu de Dios y el diablo no pueden estar en el mismo lugar al mismo tiempo.
Cuando Jesús fue tentado por el diablo durante cuarenta días y cuarenta noches, claramente estaban en el mismo lugar. Cuando Satanás apeló a Dios y obtuvo el derecho de oprimir a Job, estaba hablando con Dios. Según la Biblia, el diablo y Dios están en muchos lugares al mismo tiempo. La Biblia está repleta de pruebas de este hecho.
Sabemos que el Espíritu Santo está donde Él quiere, sin importar la proximidad del diablo. Existen pruebas bíblicas de que un cristiano puede tener un demonio, comenzando con uno de los ejemplos más conmovedores.
“Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera”. 2 Co. 12:7
Pablo había sido llevado al tercer cielo y retorna a este mundo y dice debido a la abundancia de las revelaciones, me fue dado un aguijón en mi carne, refiriéndose a su cuerpo. Esta aflicción obviamente lo molestaba porque hay registros de que oró por ello tres veces. Sin dar detalles de qué se trataba, Pablo dijo que ese aguijón en su carne era un mensajero de Satanás que le abofeteaba. Un mensajero, es generalmente un ángel, si viene de Dios; pero si se trata de un ángel de Satanás entonces es un demonio.
Pablo escribió 14 de los 27 libros que conforman el Nuevo Testamento, la mayoría de ellos desde la cárcel, y él era cercano a Dios tan cercano que hasta es difícil imaginarlo. Escribiendo bajo inspiración del Espíritu Santo, él dijo que un demonio estaba acosándolo y probablemente le había provocado una enfermedad, y que Dios lo había permitido. Entonces, si Pablo pudo ser acosado en su carne por un demonio, nosotros también podemos serlo.
Pr. Rafael Vargas