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Como personas nacidas de nuevo, tenemos a nuestra disposición un poder nuevo en nuestra vida. 

“Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte”. Ro. 8:2 RVC

En cada uno de nosotros está presente la ley del pecado y de la muerte. Por eso luchamos.

Pablo habla de la lucha que él experimenta y que nosotros también experimentamos.

“Entonces, aunque quiero hacer el bien, descubro esta ley: que el mal está en mí”. Ro. 7:21 RVC

En otras palabras, dice que hay un principio, un poder: “Encuentro una ley: que, cuando quiero hacer el bien, el mal está presente en mí”. 

Porque, según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios”. Ro. 7:22 RVC 

En otras palabras  Pablo dice: “Me deleito en la ley de Dios, según el hombre interior, mi nueva naturaleza. Pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente y me lleva cautivo a la ley del pecado, que está en mis miembros”.

Esa vieja ley del pecado está en cada uno de nosotros. Cada vez que quieres hacer lo correcto, esa vieja ley del pecado asoma su horrible rostro. Cada vez que decides vivir una vida cristiana victoriosa, la vieja ley del pecado asoma su horrible rostro. Pablo dice en el siguiente versículo que esta ley nos lleva al cautiverio. Nos combate. La antigua ley está presente constantemente en cada uno de nosotros.

“pero encuentro que hay otra ley en mis miembros, la cual se rebela contra la ley de mi mente y me mantiene sujeto a la ley del pecado que está en mis miembros”. Ro. 7:23  RVC

Pablo, la llamó no sólo la ley del pecado, sino la ley del pecado y de la muerte. Se refiere al hecho de que la ley del pecado tiene un poder destructivo. La ley del pecado siempre nos lleva a la muerte. 

Porque la paga del pecado es muerte…” Ro. 6:23 RVC

“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un solo hombre,  y por medio del pecado entró la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”. Ro. 5:12 RVC

El pecado siempre conduce a la muerte. Si dejas que el pecado entre en un grupo de alabanza de la iglesia, lo destruirá. El pecado mata todo lo que toca. Tenemos ese poder de la ley del pecado y de la muerte, y nos está arrastrando hacia abajo.

Pablo afirma que hay otro poder que opera en la vida del creyente cristiano. Dice que la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús nos ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. Afirma que hay una nueva ley superior y más poderosa a nuestra disposición como cristianos.

Esta es la gran diferencia entre ser salvo y estar perdido. Si estás perdido, estás totalmente indefenso ante la ley del pecado y de la muerte. Pero cuando vienes al Señor Jesucristo, un poder que antes no existía invade tu vida. El mismo poder que resucitó a Jesús de la tumba ahora está presente en tu vida como creyente. Es un poder superior.

Tienes al Espíritu Santo en ti, por lo que ya no estás cautivo de la ley del pecado y de la muerte. Ahora puedes elegir someterte a la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús, y esa es la ley que te libera como creyente. Entonces, debemos confiar en Nuestro Poder como Hijos de Dios, nacidos de nuevo.

La Biblia enseña que nadie puede salvarse guardando la ley, porque no podemos guardarla. ¿Qué puede hacer la ley? Todo lo que la ley puede hacer es mostrarte tu condición.

El problema no está en la ley de Dios. El problema está en ti y en mí. No tenemos el poder de ser lo que deberíamos ser. Jesucristo vino y vivió una vida absolutamente santa en la carne. Cumplió a la perfección todos los justos requisitos que Dios había puesto en la ley. En el momento en que recibiste a Cristo como tu Salvador, el Espíritu Santo vino a morar en tu corazón. El Espíritu hace en ti lo que Dios espera de ti. Dios te ha dado el Espíritu Santo.

Entonces, la victoria se encuentra en el Espíritu que mora en nosotros y que hace en nosotros lo que Dios espera de nosotros.

Pr. Rafael Vargas

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