“De hecho, todo lo que se escribió en el pasado se escribió para enseñarnos, a fin de que alentados por las Escrituras, perseveremos en mantener nuestra esperanza”. Ro. 15:4 NVI
Esto explica el propósito del estudio del Antiguo Testamento. El estudio correcto de las Escrituras es el que nos da aliento, que luego se convierte en esperanza. Si el resultado que obtenemos no es el que el pasaje de Romanos nos dice, aliento y esperanza, debemos aprender a abordar las Escrituras de una manera diferente hasta que produzca el fruto para el que fueron diseñadas.
Como Pueblo del Nuevo Pacto, nos ha sido dado el Antiguo Testamento para instruirnos. Hay una razón por la que el Antiguo Testamento fue la única Escritura que tuvo la Iglesia Apostólica del Nuevo Testamento. Lo que fue escrito es el contexto de las verdades que disfrutamos en la actualidad. Pero como sucede en la mayoría de los casos, el uso incorrecto puede causar la muerte.
“Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida”. 2 Co. 3:6 NVI.
Todo es acerca de la percepción. Las vidas de muchos cristianos quedaron deterioradas a causa de la mala comprensión de lo que Jesús vino a alcanzar y cumplir. Si no comprendo eso, no podré comprender mi propósito y mi llamado. De forma práctica, debemos entender, a través de la sabiduría y la revelación, qué cosas del Antiguo Testamento tuvieron fin, que cosas cambiaron y que cosas permanecen iguales en la cruz.
Las cosas que tuvieron fin en la cruz
El sacrificio de animales. Fue un mandato de Dios para que recordáramos que la paga del pecado es muerte. A pesar de que la sangre de los animales no podía realmente borrar el pecado, lidiar con la naturaleza de este en aquellos que realizaban el sacrificio, o lidiar con sus consecuencias, podía posponer el castigo un año más. Se convirtió en un acto de obediencia que profetizaba lo que iba a venir: el Cordero de Dios, que quitaría el pecado del mundo. Él hizo posible que su sacrificio bastara para justificar a todos.
La cruz puso fin al sacrificio de animales y satisfizo el apetito de la ley por el juicio a la humanidad. Ahora, todo el que invocare el nombre del Señor podrá alcanzar la Salvación.
Las cosas que cambiaron en la cruz
Descansar el séptimo día fue una parte crucial para Dios luego de su obra creadora. Incluso, Dios había dispuesto que la tierra descansará de los cultivos cada siete años y por cada siete años se requería otro año de descanso, a este periodo la Biblia lo denomina el año del jubileo. Era el quincuagésimo año, la tierra descansaba una vez más, y al mismo tiempo todas las deudas quedaban saldadas, los esclavos eran libres para incrementar el bienestar del pueblo de Dios. Para no sembrar la tierra ese séptimo año, el pueblo tenía que confiar que Él les proveería de la misma manera que lo había hecho con Israel en el desierto. Tenían que confiar en que el Señor cuidaría de ellos por medio de una provisión inesperada en tierras que no habían sido trabajadas.
Si bien el descanso semanal es esencial para la buena salud física, mental, emocional y espiritual a su vez era una muestra de cómo debe ser la vida del cristiano sin obras en lo que se refiere a nuestra salvación. Gracias a la cruz, tanto el día del reposo, así como el año del jubileo cambiaron.
Cuando Jesús arrancó su ministerio anunció:
“El Espíritu del Señor está sobre mí,… Me ha enviado…a pregonar el año del favor del Señor”. Lc. 4:18-19 NVI.
¡Ese es el año del jubileo!
En esencia, Él estaba diciendo que el año del jubileo era la continua experiencia de quienes le pertenecían. La libertad que da el jubileo tiene que ser la marca distintiva en la vida de aquellos que han conocido a Jesús.
“Ahora bien, el Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad”. 2 Co. 3:17 NVI.
En otras palabras, el reposo del Señor es permanente, de cada día. Y el jubileo es de cada año: El rostro de aquellos que le pertenecen a Él refleja reposo y libertad.
Y aunque no creo que haya muchas personas que realmente vivan la belleza de esta verdad, es una realidad del Reino de Dios que está al alcance de todos. Este es un cambio importante, ya que el jubileo pasó de ser cada 50 años a ser un estilo de vida de aquellos que viven en Cristo. La cruz de Jesús obró este cambio señalando que lo que existía era un prototipo de lo que habría de venir. La cruz cambió la naturaleza del reposo y la libertad. No tiene sentido ignorar lo que Él compró para nosotros y perdernos de disfrutar del estilo de vida continuo y duradero del discípulo de Jesús.
Las cosas que permanecen iguales en la cruz
El rey David era un hombre conforme al corazón de Dios. El punto de referencia principal en toda su vida fue su pasión por la presencia del Señor. Su adoración moldeó el corazón de una nación para que pudiera convertirse en un pueblo que atesoraba la presencia de Dios. Como declaró una vez Moisés, la presencia del Señor sobre su pueblo se convirtió en una marca distintiva que los diferenciaba de las demás naciones.
“Si no vienes con nosotros, ¿cómo vamos a saber, tu pueblo y yo, que contamos con tu favor? ¿En qué seríamos diferentes de los demás pueblos de la tierra?” Ex. 33:16 NVI.
David era un adorador que cuidaba las ovejas de su padre en medio del desierto. Era la expresión más pura de su corazón y se convirtió en la razón por la que Dios lo eligió para gobernar Israel. David levantó una tienda en el monte Sion, donde era albergada el arca del pacto. Allí se posó la presencia de Dios para el beneficio de toda la nación de Israel. El Señor estaba allí, al igual que los sacerdotes; ellos ministraban a Dios allí con acción de gracias, alabanza y adoración con instrumentos musicales y expresiones corporales como alzar las manos, inclinarse, danzar y levantar las voces. Para cualquier persona el honor más grande era entrar en la presencia del Dios Altísimo, por más aterrador que eso pudiera haber sido. La ley prohibía ese acto. Sin embargo, el Señor en su misericordia, les permitió experimentar un poco de la realidad del Nuevo Testamento antes de tiempo. Durante el reinado de David, hacían esto todos los días.
Los sacerdotes cambiaron el enfoque del sacrificio de animales al sacrificio de la adoración. El enfoque cambió de guardar la ley a cuidar la presencia. Un detalle importante que tenemos que tener en cuenta es que en la mayoría de los casos, cuando la Biblia habla de la presencia de Dios, está hablando de su rostro. Ese es el significado del término hebreo que se traduce como presencia.
El profeta Amos declaró que en los últimos días el tabernáculo de David sería reconstruido. El cumplimiento de esta palabra se daría cuando los gentiles fueran añadidos a la obra que Dios estaba haciendo en la Tierra, ellos también se convertirían en su pueblo. Después de la Gran Comisión que Jesús le dio a la Iglesia de ir y hacer discípulos de todas las naciones ( Mt. 28:19), seguida del derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés, los gentiles empezaron a integrarse a la iglesia.
En el concilio apostólico de Jerusalén en Hechos 15, se llegó a la conclusión de que la adhesión de los gentiles a la fe era la voluntad de Dios. Y el fragmento que utilizaron como base de esta idea fue el pasaje de Amos:
“En aquel día restauraré la casa caída de David. Repararé sus grietas, restauraré sus ruinas y la reconstruiré tal como era en días pasados, para que ellos posean el remanente de Edom y todas las naciones sobre las que se ha invocado mi nombre, afirma el Señor, quién hará estas cosas”. Amos 9:11-12 NVI
Observe que la reconstrucción de este tabernáculo, conocido como el lugar donde habitaban la presencia de Dios y la adoración de los sacerdotes, coincide con la adición de los gentiles a la fe. En el marco invisible, hay una conexión entre los efectos de la adoración y la conversión de las almas.
En el N.T. todo creyente es un sacerdote para el Señor:
“Pero ustedes son descendencia escogida, sacerdocio regio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable”. 1 P. 2:9 NVI
Ahora tenemos el privilegio de ministrar a Dios al igual que lo hacían en el tabernáculo de David. Y lo maravilloso para todos es que podemos y debemos hacer esta adoración en nuestras casas, en el auto o en nuestras reuniones con nuestros hermanos y hermanas. Y este tipo de adoración limpia los aires.
Esto no ha cambiado en la cruz, lo que fue un experimento en el Antiguo Testamento, la cruz lo trajo a ser vida diaria del Pueblo de Dios en el Nuevo Testamento y ahora es una regla ¡La correcta aplicación de la Escritura trae libertad!
Pr. Rafael Vargas