“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo...; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo…” He. 1:1-4
Esta porción de la Palabra nos deja claramente establecido que Jesús mostró al Padre en todo lo que ÉL hizo.
Desde el momento en el que Jesús fue revestido con el poder del Espíritu Santo, la naturaleza de Dios fue revelada de forma tangible por Jesucristo. Jesús reveló que “Dios es bueno”.
Jehová es bueno, …Nah. 1:7
Derivado de esta cita, muchos creyentes dicen que Dios es bueno, pero, luchan en su mente a la luz de las dificultades que experimentamos en la vida y una gran mayoría abandona la idea que ÉL realmente es bueno. De ahí proviene una gran confusión acerca de la verdadera naturaleza de Dios.
La diferencia entre vivir un cristianismo auténtico y la religión tradicional tiene que ver con conocer a Dios y ser conocido por Dios y no por el solo hecho de conocer acerca de Dios. Lo único más importante que conocer a Dios es ser conocido por ÉL. Jesús advirtió que un día el Padre iba a decir “…Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” Mateo. 7:23.
Mirando la vida de David, podemos apreciar que su gran amor por Dios lo llevó a descubrir la realidad de que Dios es hallado por los que le buscan. En el libro de Salmos encontramos uno de los secretos de la vida de David:
Sal. 37:7 NVI “Guarda silencio ante Jehová, y espera en él con paciencia. No te irrites ante el éxito de otros, de los que maquinan planes malvados”.
El deseo de Moisés por conocer a Dios le dió acceso a una revelación que el pueblo de Israel nunca tuvo, a él se le permitió ver la figura de Dios, pero a Israel no.
Sal.103:7 NVI “Dio a conocer sus caminos a Moisés, reveló sus obras al pueblo de Israel”.
Los caminos de Dios sólo se descubren por medio de los hechos divinos, pero sólo pueden ser reconocidos por aquellos que están hambrientos de ÉL.